Negro sobre blanco

"Rey Carbón", Max (Ediciones La Cúpula)

Esta historia se abre con la aparición de un personaje bien conocido por todos los que seguimos y admiramos la obra del autor. El ser, con su obvia torpeza, hilarante por momentos, se va a convertir en inesperado “hilo conductor” (ya pillaréis el chiste) de la narración, apareciendo aquí y allá.

Todo comienza en la blancura más absoluta, un paraje nevado del que surge un personaje de color blanco. Un torpe accidente, un inesperado encuentro y junto a las llamas de una fogata sucederá algo extraordinario. Un simple trozo de carbón servirá como instrumento para trazar lo que hasta ese momento nadie había hecho. Seremos testigos del nacimiento del dibujo, y una vez conseguido esto, el oscuro y delgado ser que porta este singular “lápiz” representará sobre la superficie de una pared sus sueños, sus anhelos, muy simples y a la vez tan importantes. Dicen que el dolor de tripa aguza el ingenio, y así vamos a disfrutar de las imágenes que surgen de la mano del protagonista que, sin saberlo, está narrando con imágenes, describiendo acciones. Al fin y al cabo, contando historias.

Y así seguiremos la “línea” de la historia, en la que, por momentos onírica, viajaremos a los sueños, en los que los trazos tienen mucha importancia. El tramado inalcanzable que se convierte en deliciosa recompensa. El viaje de la caverna hasta un futuro lejano, pero siempre entre trazos, entre el blanco y la negrura del carbón.

Una historia que tiene un cierre, protagonizado una vez más por ese diablillo travieso que comprobará en sus propias carnes que nada es lo que parece y que la libertad de la que parece disfrutar es una mentira, dándose cuenta, tal vez tarde, de su condición de personaje en esta historia.

Sobre Max, el autor, ¿Qué queréis que os diga?. Pues que por méritos propios se ha convertido en uno de los autores de cómic más importante del panorama mundial. Y a fuerza de (aparente) sencillez gráfica nos regala esta reflexión sobre la creación, un juego compuesto a base de mudas páginas (para nada hacen falta los diálogos en esta narración gráfica en la que los personajes, su expresividad, nos comunican lo que necesitamos saber) que se leen en un suspiro, pero a las que hay que volver una y otra vez.

Un cómic éste que debería ser de obligada lectura para todos aquellos y aquellas que quieran dedicarse a la profesión, ya que es claro ejemplo de como utilizar al máximo los casi infinitos recursos que nos da la página en blanco.

Termina este año 2018 y La Cúpula edita una obra que, de seguro, estará entre todas las quinielas como mejor obra del año.

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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