¡Qué bello es morir!

"La Danza de los Muertos!", Pierre Ferrero (Ediciones la Cúpula)

Si el pintor flamenco Hans Holbein se levantara de la tumba, igual se unía a la cabalgata de fallecidos con la que juega, y de paso homenajea su obra, el autor de este loco cómic. En él, los finados, de todas las categorías, que van desde los esqueletos puros y duros, hasta los muertos que aún conservan algo de carne, se encargan de, como dos de sus protagonistas, recoger cadáveres para venderlos y con el beneficio obtenido, poder beber unas cervezas…

Pero, os preguntaréis, ¿de qué va esto? Pues la historia comienza con dos colegas, Miguelito y Boubaquere que, tras una dura jornada de trabajo (o cómo queráis llamarlo) se meten en su antro preferido, el Necrobar. Allí, el segundo, con parte de la pasta conseguida, consigue a una humana de la que dará buena cuenta (de vez en cuando hay que alimentarse, ¿no?) mientras que Miguelito hace mutis por el foro y se dirige hacia una casa donde le aguarda un secreto que esconde como oro en paño…

Sin embargo, hay un problema que comienza a ser grave en el país de los muertos, y es, precisamente, la falta de estos. El Nigromante, máximo mandatario del lugar, está preocupado por este hecho y es por eso que envía en una crucial misión a sus dos mejores hombres. Quiero decir, muertos…

Lo que él no imagina es que esta será la chispa que inflame una guerra sin cuartel entre humanos y muertos, en la que ambos bandos tiene mucho que perder, ya que el rey de Castillonegro, debido a la masacre producida entre sus súbditos, ordena que las tropas se pongan en marcha y destruyan al ejercito de El Nigromante.

Como ya sabréis a estas alturas de la película, en todo conflicto armado, las verdadera víctimas son los inocentes, aquellos que ni siquiera empuñan un arma y que, dentro de la tranquilidad de sus hogares, se enfrentan al horror más absoluto. Es el caso de la joven Pistugrí, que de golpe y porrazo lo perderá todo. Lo que ella no sabe es que con el tiempo se va a convertir en una arma de destrucción masiva, cegada por un solo objetivo: Vengar la muerte de los suyos.

Mientras, los dos coleguitas muertos harán de las suyas y su camino terminará en el lugar más inesperado para ambos, donde tendrán que convivir con la última persona que imaginan.

El autor francés Pierre Ferrero, cuya obra en viñetas estaba inédita hasta ahora en nuestro país, coge los 41 grabados de Holbein, los baraja con más o menos habilidad y los va lanzando sobre un imaginario tapete, componiendo una historieta de lo más divertida, que mezcla un surrealismo de lo más extremo, que haría descojonarse de risa a los Monty Python, con un estilo muy personal,  dibujos coloridos, y algunos paisajes que me recuerdan a cierta famosa serie de animación que acaba de concluir. Aquellos grabados, “Imágenes Mortis”, se recomponen en la página de cómic y el autor no regala un buen rato, que nos va a sacar alguna que otra sonrisa con las peripecias de sus protagonistas, que danzan en un alocado baile.

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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