El ladrón de la velocidad

"Flash: Punto muerto", Mark Waid, VV.AA. (ECC Ediciones)

A mi parecer, una de las mayores virtudes y aciertos de la larga etapa del guionista Mark Waid a bordo de la colección de Flash fue la creación de una “familia” de velocistas. Jay Garrick, el clásico portador de la velocidad: Max Mercury, el gurú que conoce todos los secretos de ésta y su fuerza; Jesse Quick, venida del futuro junto a su padre Johnny y, como última incorporación el cabeza loca de Bart Allen, más conocido como Impulso.

Todos ellos, junto a Linda Park, la guapa periodista cuyo amor ocupa el corazón del Hombre más Rápido del Mundo, Flash, saben dar una unidad, un cobijo a este héroe que en el quinto volumen dedicado a sus andanzas escritas por Waid se va a enfrentar a tal vez sus dos aventuras más peligrosas. En la primera, titulada “Punto muerto” vamos a ser testigos de cómo los diferentes velocistas pierden su poder, algo que desconocen está sucediendo y tan solo cuenta como pista la súbita aparición de unos letales ninjas de la velocidad, tipos muy peligrosos que al ser vencidos envejecen hasta convertirse en polvo.

Wally West es el único que conserva su capacidad, su poder. Por supuesto, a él el va a tocar desentrañar el misterio que rodea a los ataques, ya que el próximo objetivo va a ser el más joven del grupo de velocistas, al que veremos en episodios enmarcados en su propia colección (creada por Mark Waid, está claro, y un bisoño dibujante llamado Humberto Ramos). En ésta la familia se va a ver aumentada por la súbita aparición de una prima venida del futuro, Jenni Ognats, más conocida como XS.

El culpable de los ataques es el misterioso Savitar, un tipo obsesionado con la Fuerza de la Velocidad, fuente de todo poder para los corredores y que ha fundado un religión seguida por sus peligrosas huestes.

Se aproxima la carrera definitiva para Flash, una que lo llevará a retar, a intentar alcanzar al tipo que trata de asesinar a los más cercanos.

¿Os molan los viajes en el tiempo? Si al respuesta es afirmativa lo vais a pasar pipa con el siguiente arco argumental incluido en este volumen, ya que encontramos a Wally perdido a través del tiempo, dando saltos por diferentes épocas del futuro más lejano.

Mientras, en el presente aparece otro velocista, un Flash del futuro llamado John Fox que va a dedicarse, junto a Linda, a intentar atrapar a uno de los villanos de la galería del héroe de Keystone City, el gélido Chillblane.

Los diferentes saltos temporales de Flash lo llevarán a un futuro que ya conoce y salvó, pero el agradecimiento de los habitantes de la futurista urbe se ha convertido en una errónea devoción por el héroe escarlata.

En paralelo, el misterio del presente se va desvelando, así como la cercanía que John va sintiendo hacia Linda.

Wally también va a conocer a algunos nuevos miembros de su familia, como a sus hijos gemelos, Don y Dawn, los gemelos velocistas. Junto a ellos deberá erradicar las creencias racistas que están propagándose en su época.

Y así seguiremos las aventuras de este trío separados por siglos hasta que las líneas temporales converjan, y ya en la actualidad, una amenaza del futuro aparezca en la ciudad buscando la cabeza de John Fox, mientras hacen su aparición algunos temibles villanos que, claro está, tienen un maligno plan, como debe de ser. Trama ésta que chocará de frente con Linda, que se convierte en víctima de las maquinaciones de los malvados y que harán que Flash piense que ha perdido para siempre a su amada.

El éxito de esta serie, y otras en las que también trabajaba Waid, hizo que tuviera que formar tandem con Brian Augustyn, con el que a partir del número 119 de la colección compartió las aventuras del velocista, como las que completan este apasionante tomo, que lo llevarán desde defender la vida del candidato presidencial hasta compartir cabecera con otro gran héroe del Universo DC,  Nightwing.

Por supuesto, también hay que destacar que en el apartado gráfico está acompañado por dibujantes del calibre del español Óscar Jimenez, Paul Ryan, el ya citado Humberto Ramos y Eduardo Barreto, redondeando la calidad de una etapa que ha quedado en el recuerdo de los lectores como una de las mejores del personaje.

 

 

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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