Inevitable

"La muerte del Capitán Marvel", Jim Starlin, Steve Oliff (Panini Comics)

Resulta curioso como el desconocimiento del medio puede llevar a algunos a ciertas confusiones. Mucha gente piensa que el fenómeno de la Novela Gráfica, tal como la conocemos en la actualidad, nació no hace demasiados años, narrando historias muy personales, a veces relacionadas con la enfermedad, otras con el pasado o presente del protagonista (en muchos casos narraciones autobiográficas del propio autor). Surgía un “nuevo” género que sacaría al cómic del endogámico agujero friki donde solo se hablaba de superhéroes. Ahora, a muchos nuevos lectores, ya no les daba vergüenza entrar en las librerías especializadas y rebuscar en sus estanterías. Podían ir con la cabeza muy alta, ya que ellos eran consumidores de novela gráfica.

Craso error, amigos, ya que si nos remontamos al pasado, el término nace en los años setenta con la obra “Un contrato con Dios” de Will Eisner. Fue la primera vez que se utilizó, aunque el momento en el que se popularizo fue a principios de los ochenta, de la mano de la editorial Marvel, en la que se creó una línea de cómics que se alejaban del formato del comic-book (grapa, veintitantas páginas) para presentar volúmenes de tapa dura, y con la pretensión de contar “otras” historias que tal vez no tuvieran cavida en las colecciones mensuales, pero que alcanzaron altas cotas de popularidad y que hoy en día están consideradas como auténticos clásicos de la viñeta (“X-Men: Dios ama, el hombre mata”…).

Una vez hecha esta, creo, necesaria, aclaración, centrémonos en una de estas obras, concretamente en una de las más importantes, la primera de ellas, en la que se narra el deceso de uno de los grandes héroes del Universo Marvel. Como todos sabéis, existe un chiste privado entre los que nos hemos criado leyendo tebeos de La Casa de las Ideas: Salvo raras excepciones (como el tío Ben de Peter Parker…) la mayoría de los personajes que mueren en las páginas de una colección, tarde o temprano, de una manera u otra, volverán a la vida. Experimentos científicos, máquinas extraordinarias, poderes mágicos… Todo vale y está permitido para resucitar.

Pero hay una excepción que ha quedado en la historia de la editorial, y es la que atañe al Capitán Marvel.

En esta novela gráfica creada por Jim Starlin, el héroe de rubios cabellos rememora, en forma de diario grabado, lo que ha sido su vida, su llegada a nuestro planeta. Al principio enemigo jurado de los humanos, guerrero kree. Más tarde defensor, sus innumerables batallas con infinidad de enemigos, los amigos que ha hecho por el camino…

Lo que él desconoce es que este testimonio se va a convertir en su testamento. Palabras finales de un enfermo, ya que la debilidad le ataca sin compasión. Está aquejado de un mal cruel, que hará que su cuerpo se vaya consumiendo poco a poco, tan solo mantenido por las poderosas nega-bandas que cubren sus muñecas.

Todos los héroes se enteran de la noticia y van en su ayuda, como no podía ser menos. Las mentes más brillantes, los más poderosos hechiceros, tratarán de poner fin a la temible enfermedad, pero la ficción se confunde con la realidad más dura, y es que no existe una cura para el cancer que el protagonista padece y que está ya en su última, terminal fase.

El protagonista yace débil, esperando el momento inexorable de la despedida de aquellos a los que quiere como amigos, compañeros de lucha o a su amada. Es justo en ese instante que peleará su última batalla en otro nivel de consciencia, enfrentándose al mayor de sus enemigos y contemplando el pálido rostro de una dama que ha venido en su busca…

Jim Starlin, maestro del género que implica a lo cósmico (“Dreadstar”, “Saga del Infinito”…), logró con esta obra tan personal dejar a todos los lectores boquiabiertos, creando un final sin concesiones, donde solo había un único y lógico camino, que por muy amargo que fuera, era el colofón a un relato que ha quedado ya como un clásico en la historia del cómic norteamericano y que Panini Comics reedita en una lujosa y definitiva edición.

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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