De lo efímero y lo dramático

"Llegó la primavera núm. 2 y 3", Kazuo Koike, Goseki Kojima (ECC Ediciones)

Dejad que os confiese algo. Si hay un momento que disfruto especialmente cuando voy a leer un manga del Dúo Dorado son esos minutos, instantes que parecen suspendidos en el tiempo, mudos, que sirven como prólogo a los diferentes capítulos de cada historia y en los que el Maestro Kojima no solo aplica la aguada, sino que nos regala su habilidad para narrar sin necesidad de textos o diálogos.

Pues bien, nos volvemos a encontrar en este tomo segundo con la inusual pareja formada por Jirôbe y Tarôbe, antiguos shinobi y jittebon (agente del orden) y que han jurado recorrer juntos el camino del infierno. Alejados de todo y todos, se han refugiado en un templo abandonado que sirve de picadero para furtivas parejas.

Jirôbe disfruta de la alegría de poder haber conquistado a la Orise, la propietaria del Shikiya, almacén distribuidor del Shogun. Las cosas han ido bien entre ellos hasta ahora (sobre todo en el lecho) pero, por desgracia, en el camino de los personajes se cruza un cruel vasallo del Shogun y sus hombres que, con la excusa de querer comprar pepinos, terminan intentando violar a la dama. El regordete ex shinobi (ninja) enloquece de dolor y solo será en el último momento cuando su amigo tenga un papel crucial en la solución a la terrible situación, confesándole a los hombres la verdadera relación que une al hombre y la mujer.

Posteriormente se inicia una historia, la de una mujer que pretende suicidarse y es salvada en última instancia por la pareja de amigos. Sin saber qué hacer exactamente con ella, la llevan al templo y la cuidan. Y será justo en esas horas cuando una relación carnal se inicie entre el anciano Tarôbe y la muchacha, que parece recuperar las ganas de vivir y que, como agradecimiento, se ocupará de las tareas del hogar, dejando a los hombres aburridos.

Pero estos días de felicidad para ambos, que pese a lo avanzado de su edad, han conseguido hacer renacer el amor y compartir lecho con dos bellas mujeres, van a llegar a su fin de la manera más inesperada y abrupta. Todo se inicia por la redada que los jittebon de Edo realizan para encontrar y arrestar a las prostitutas callejeras, aunque el objetivo principal es encontrar a una que oculta un curioso tatuaje entre su muslos.

En una visita al templo, los agentes de la ley, sin miramientos, obligan a que Oriko les enseñe la entrepierna y aunque no encuentran rastro alguno del dibujo, se la llevan con ellos.

Sin querer daros muchos detalles para que disfrutéis de su lectura, tan solo os diré que el destino de estos personajes dará un giro brusco y cruel, desvelando un terrible engaño y, por ello, condenando a uno de ellos a morir crucificado, con la consecuente desesperación de uno de los protagonistas, que ve como no ha tenido prácticamente tiempo de paladear la felicidad.

En el tomo 3 de la colección veremos el desenlace de todo lo narrado anteriormente y pese a querer ejecutar un acelerado plan para atacar a los policías y rescatar a la persona que va a ser ajusticiada, el superior de los jittebon se le adelanta y engaña, haciéndoles creer que la ceremonia se va a celebrar una hora más tarde, por lo que cuando Jirôbe y Tarôbe llegan al lugar tan solo encuentran el cadáver acuchillado. Lo terrible del momento se acrecentará cuando los hombres no tengan dinero ni para poder comprar una estola funeraria, por lo que el ensangrentado cadáver va a para a un anónimo agujero…

Parece que las desgracias siempre vienen seguidas, y así lo parece cuando un grupo de desalmados atracadores llegan al Shikiya y con la excusa de robar las ganancias, matan a todos los empleados, y violan a las mujeres, incluida Orise, que también es asesinada. Pese a que Tarôbe los persigue y da muerte, este hecho no disminuye el inmenso dolor que siente.

Será a partir de estos dos luctuosos hechos que la pareja de amigos rompa con todo y todos, rechazando sus creencias religiosas y a Buda. De hecho, orinarán en toda figura que lo represente y se encuentren en el nuevo camino que toman. Ya nada les permitirá frenar su avance, ni siquiera la presencia de un enloquecido maestro de artes marciales que impide que los ciudadanos circulen por un puente de salida a Edo.

Pasa el tiempo y los hombres están a punto de morir congelados. Son salvados in extremis por una pareja de samurais que están en pleno conflicto con el clan Mamada. Los hombres prometen ayudarles y, como si de dos demonios se trataran, eliminan a todos los guerreros, poseídos por una fuerza y destreza temibles.

Y así seguirá el desesperado devenir de estos hombres, que volverán a encontrarse con el engaño en forma de monjas budistas y tendrán que terciar, posteriormente, con un conflicto que surge entre una señora y unos pobres trabajadores. La solución, por supuesto, vendrá machada de sangre. Tal es el camino elegido por los protagonistas, el del infierno… Que a partir de entonces solo gritarán a los cuatro vientos “¡Quemad la noche!, ¡Matad al día!”, como si de un mantra se tratara.

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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