A través del lienzo

"Black Dog: Los sueños de Paul Nash", Dave McKean (ECC Ediciones)

Aún recuerdo el impacto visual que sufrí con aquellas primeras portadas de la colección “The Sandman”. Nunca había visto nada así, esa sutil combinación de collage con ilustración, utilizando varias técnicas. Claro, la unión del guionista Neil Gaiman y Dave McKean aún daría muchos y sabrosos frutos, como aquel “Violent Cases” en el que nos abría nuevos caminos gráficos a la hora de narrar historias. Aunque he de reconocer que la obra que me dejó totalmente anonadado fue descenso a los infiernos de la mente protagonizada por un Batman como nunca habíamos visto, enfrentado a un Joker que trascendía lo físico, transformado en una presencia, un terrorífico y pálido fantasma. Grant Morrison y Dave McKean obraron la maravilla titulada “Asilo Arkham”…

A partir de entonces, el autor del album “Black Dog: Los sueños de Paul Nash” ha expandido su carrera, convirtiéndose (ya se podia percibir) en un autor multidisciplinar (pintura, ilustración, cine, cómics…) al que se le encargó, con motivo de los cien años de recuerdo del aciago primer gran conflicto bélico que azotó Europa. Y que mejor idea que unir esta guerra con la vida de un pintor que pasó por ella y quedó estigmatizado de por vida: Paul Nash, representante de las corrientes pictóricas británicas de principios del siglo pasado, tuvo que pasar por el amargo trance de ser reclutado, con lo que todo ello conllevó. La experiencia lo trastornó tanto que hasta su estilo pictórico cambió, partiendo de unos bucólicos paisajes ingleses que, con su paso por las trincheras, se transformaron en extraños lugares, inclinándose hacia el estilo surrealista.

Con traumas que ya acarreaba desde su infancia, la casi nula relación con su padre y una madre que vivía en su propio mundo, McKean nos va mostrando a través de una imaginaria galería temporal, momentos clave en la existencia de Paul, sus obsesiones (ese Perro Negro que siempre va tras él, persiguiéndolo sin descanso y que, claramente, representa lo oscuro de la existencia, las sombras que tenemos en nuestro interior, el estado depresivo), pero también la luz, la esperanza de haber encontrado a una buena mujer como Margaret, que lo acompañó hasta sus últimos momentos. Continuaremos con la relación de Paul con su abuelo, el maltrato en una rígida escuela británica y, finalmente, la llegada de la guerra, el monstruo que se irguió sobre la vida de muchos hombres que tuvieron que partir, dejando a tras sus vidas. Muchos de ellos quedaron como raíces entre el barro, enterrados en las trincheras y nunca más se supo de su existencia.

Pocos momentos de asueto, o de vislumbrar algún momento luminoso hubo en la vida de Nash: La fugaz visita de su hermano Jack en medio de los disparos y las bombas, ese símbolo representado por un pajarillo, una colorida ilusión que de vez en cuando, aparecía frente al atormentado artista…

Y ya nada fue lo mismo, los pocos años que le quedaron de vida estuvieron ensombrecidos por la enorme silueta de este “Perro Negro” que terminó por atraparlo completamente entre sus garras, fundiéndose con él en la más absoluta de las oscuridades.

Dave McKean despliega en cada capítulo de esta obra un estilo, técnica, diferente, mostrándonos sus dotes como ARTISTA con mayúsculas, pero sin quedarse en el mero bello dibujo, sino que narra en viñetas, demostrando una vez todo lo que aún (mucho) queda por contar y cómo hacerlo con talento en el Noveno Arte, el Cómic.

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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