Una serie de alocadas peripecias

"Spirou y Fantasio Integral 1: Franquin (1946-1950)", Franquin (Dibbuks)

La historia de amor de André Franquin hacia los tebeos nació en su más tierna infancia. Demostrando ya unas superiores cualidades para el dibujo, luchó contra viento y marea (léase, su padre) para poder dedicarse profesionalmente a su sueño. Y bien que lo consiguió, ya que, años después, las puertas de la editorial Dupuis se abrieron ante él y su talento…

Pero no quiero adelantar acontecimientos y, sobre todo, aguaros toda la documentación que ofrece este tomo integral. Si en el anterior tomo publicado por Dibbuks terminábamos de disfrutar de la etapa perteneciente a los artistas Tome y Janry, quedándonos en el año 1999, en esta ocasión realizaremos una doble pirueta temporal para situarnos en el ya lejano 1946. El presente volumen se abre con una historieta que fue publicada en el almanaque de la revista “Spirou” y realmente fue una prueba, la auténtica “prueba de fuego” que al joven ilustrador le haría entrar en Dupuis. En “El tanque” vemos todas las virtudes y defectos propios de una persona que está empezando en esto de las viñetas. Un buen dominio del dibujo, de ese estilo caricaturesco en el que aún no vemos al verdadero Franquin. Pero, claro está, los dibujantes son como el buen vino, han de pasar muchas páginas por sus manos hasta que el verdadero estilo surge.

La historia es tan simple como divertida, y en ella, Spirou y su eterno compañero de aventuras, Fantasio, se encuentran con unos soldados americanos que venden material bélico, entre ello un tanque. Bueno, ya os podéis imaginar lo que ocurre a continuación. Carreras, saltos, derrumbes… Un alocado uso del slapstick que fluye a la perfección por las páginas.

¡Éxito! Franquin ya estaba dentro de la nómina de la editorial, pero justo ene se momento le cae un encargo de los que uno no se olvida en la vida. Y es que “Spirou y la casa prefabricada” iba a ser una historia dibujada por otro de los genios de la Casa, Jijé. Pero un viaje a tierras italianas hizo que el veterano le pasase el testigo al joven André, que ni corto ni perezoso se amoldó a su estilo gráfico y una vez, dando muestras de su rebosante habilidad gráfica, nos regala un relato en el que Fantasio se deja convencer por un sagaz comercial para que venda casas prefabricadas, con el posterior desastre, claro está. Tal es éste que termina con su amigo navegando a bordo de la frágil vivienda…

Del día a la mañana, Franquin se convirtió en imprescindible, y así lo demuestran la cantidad de historias cortas, la mayoría de una sola páginas, que Dupuis le encargaba. Pero el gran momento se acercaba. Y llegó, vaya que sí. En “La herencia” el autor, ya en solitario, nos cuenta como un tío de Spirou acaba de fallecer, convirtiendo al botones en su único heredero. Junto a Fantasio y la ardilla Spip parten hacia el viejo caserón del anciano, donde les esperan no pocas sorpresas, ya que hay más individuos interesados en la suculenta “herencia” que parece esperar al dúo no en tierras galas, sino en la lejana África, donde conocerán al hechicero Muhutu y el misterio se resolverá…

Y, como suele decirse, el resto es historia… En las siguientes aventuras que completan este primer tramo, que va desde el año 46 al 50 vamos a observar como, poco a poco, el artista va evolucionando, y no sólo gráficamente, sino que consigue ir sacándose el corsé que suponía el trabajar con la cuadrícula de quince viñetas por página. Introducirá viñetas alargadas verticales, grandes planos generales… Demostrando una vez su innegable talento para el dibujo y la narración gráfica.

Un peligroso robot, que ejecuta los desquiciados planes de su amo, un mad doctor de toda la vida; La encarnizada lucha para que unos gangsters no consigan hacerse con los planos del peligroso engendro mecánico; Emulando a rocky Balboa, el pelirrojo muchacho tendrá que vérselas con el más aguerrido golfete del barrio, Peloduro, en un enfrentamiento pugilístico sin igual; El divertimento que puede ser una excursión a caballo; Un nuevo viaje a África, donde la pareja de aventureros deberán mediar entre dios tribus enfrentadas entre sí y comprobar que todo se puede arreglar con un poco de jabón y buena voluntad… Y para terminar, una aventura en el “lejano oeste” y la desarticulación de una peligrosa banda que contrabandea con droga en la frontera.

Como suele decirse, quien no se divierte es porque no quiere. Y en este tomo la aventura rebosa por sus cuatro costados y, además, es una oportunidad única para conocer los comienzos artísticos del que fue uno de los “padres” del personaje, Franquin.

 

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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