Dí, papá…

"Espacios en blanco", Miguel Francisco (Astiberri)

La llegada de la paternidad implica muchas obligaciones y, con el tiempo, ese pequeño o pequeña que nos acompaña empezará a plantear cuestiones. Algunas de fácil respuesta, pero otras no tanto… Precisamente eso le ocurre al autor de esta novel gráfica. Gracias a la inocente curiosidad de su hijo, construye una historia, la suya propia, la del emigrante moderno que se marcha de España en busca de nuevas y mejores oportunidades en Helsinki y, en segundo lugar, rememora los fragmentos conocidos, y narrados por su padre, de la vida de su abuelo. Y es entonces cuando, además de narrar su experiencia a partir de que abandona el país, con una serie de anécdotas, la mayoría divertidas, el autor se propone rebuscar en el pasado, tomando como punto de partida lo que conoce a través de las palabras de su progenitor y es entonces cuando, poco a poco, nos va llevando en un viaje por el gris pasado de España.

Unas viñetas oscuras éstas en las que se narran episodios de la vida del abuelo, ese hombre del que solo se sabe que se marchó a hacer las Américas y volvió tal como se fue, sin un duro. Pero detrás de este hecho aparentemente anecdótico se esconde más, mucho más de lo que parecía. Vamos a ser testigos, casi a la vez que su propio nieto, de la crueldad de una época, el mudo silencio que había que mantener si querías seguir vivo, el descarado robo de tus pertenencias cuando tus convicciones políticas no eran las que se suponía debían ser… Y así un retrato de esa Guerra Civil y postguerra que nunca debemos de olvidar, si no queremos que vuelvan a repetirse.

Pero este cómic es mucho más, es el tremendo descubrimiento de un autor que posee una increíble maestría como dibujante (comenzó a trabajar para Bruguera a la edad de quince años, eso es nada). Miguel Francisco nos introduce en multitud de ambientes y situaciones, dibujando con extremo detallismo cada lugar, lo que hace que, en una segunda lectura, nos podamos extasiar con sus viñetas. Y eso ya podría ser mucho, pero no es todo. Con un estilo que combina acertadamente la BD francobelga y el cartoon, el autor narra como los dioses, componiendo algunas páginas y secuencias, sobre todo las mudas, con las que uno sólo puede quitarse el sombrero. Sabe combinar a la perfección momentos triviales que hacen que sonrías, con otros (tal vez una frase, una mirada, una expresión) que te dejan congelado.

No puedo encontrar más elogios para esta ópera prima, que destila sinceridad por los cuatro costados y que tiene, creo, una tremenda virtud. Y es la de narrar con aparente sencillez y de manera muy fluida temas de tremenda importancia y sobre todo, ver como su autor se moja, expresa opiniones personales sobre nuestra sociedad y historia, ya sea por su propia boca o por la de un “curioso” personaje con el que se encuentra de vez en cuando.

Queda patente que Miguel Francisco ha dejado un magnífico testamento para ese niño pequeño, su hijo, que ya comienza a hacerle preguntas. Dentro de unos años, cuando haya crecido, podrá disfrutar de esta obra en la que se habla de su familia y comprender el porqué de esos “espacios en blanco”. Recordar duele, pero mantener algunos hechos en el olvido es una herida que nunca termina de curar.

Y eso que ésta “solo” era la historia de un padre para su hijo…

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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