Yo, Gato

"Siete vidas", Josep María Beà (Astiberri)

El paso de la niñez a la adolescencia, ese obligatorio peaje que todos tenemos que pagar, a veces con dolor, otros con estupefacción, casi siempre con la sorpresa de alguien que descubre que muchas de las cosas no son lo que parecen, adquiriendo una nueva dimensión.

Un viejo gato rememora sus siete existencias, relatos de juventud. desde su mullido butacón, cierra los ojos, y mientras aspira el humo de uno de sus puros, viaja en el tiempo a una ciudad muy diferente a la que habita ahora, una urbe de barrios. Y en uno de ellos creció el joven protagonista de estas historias, Gatony. Fotos en blanco y negro, desvaídas ya por el tiempo.

En la primera, el felino tendrá su primera aventurilla sexual, de la mano (nunca mejor dicho) de una misteriosa mujer que reposa en la oscuridad de la habitación de una casa en la que todos los chavales del barrio dicen que “se hacen cosas”. “La mano que toca” se convertirá para Gatony en una obsesión y un objetivo. Una vez junto a ella, arrullado por su cántico, como si de una vetusta sirena se tratara, traspasará el umbral de la niñez y saldrá del lugar cambiado.

Todos hemos tenido en nuestra adolescencia un enemigo, un ser abyecto que nos insultaba sin razón, provocando no pocos malos momentos y sueños. Tanto en el colegio como en las calles, los barrios, era común encontrarse con uno de estos tipejos que nos hacían la vida imposible. El pobre Gatony, bastante inocentón, será la diana de las bromas y putadillas de un abyecto vendedor callejero de mecheros. Pero la venganza llegará, y como dicen que se sirve fría, ésta se hará realidad en la sólida (tal vez demasiado) forma de una descomunal bola de nieve…

Los recuerdos, a veces exagerados, deformados por el tiempo. Gatony se enfrentará al terror más absoluto cuando, al querer gastar una broma, recibe un castigo que lo pone al borde del precipicio, con una de sus vidas colgando de un hilo. Es entonces, en un instante de pesadilla cuando La Parca hace su aparición y “corta por lo sano” con lo que allí ocurre… ¿Realidad, ficción? El humo del puro se desvanece, como los lejanos recuerdos en la senil mente del conductor de estas historias.

La ciudad de Barcelona se presenta en esta cuarta muerte, en la que un viaje al parque del Tibidabo va a transportar al pobre Gatony al peor de los destinos. Y es que en aquellos lejanos años de la posguerra española, los niños y niñas vivían atenazados por las creencias inculcadas por la religión. Cualquier mala acción haría que fueras de cabeza al Infierno y Gatony lo va a experimentar de primera pata.

¿Quién no se ha sentido atraído por una chica en los años de la preadolescencia? Inalcanzables diosas a las mirábamos por el rabillo del ojo, deseando en secreto su atención. Este será el punto de partida de este realto. Piluca, la atractiva hija de una familia bien, dueños de un caserón en el pueblo en el que veranea el joven Gatony. Un ejercicio de vouyerismo hará que la estructura social y económica del lugar se desmorone.

En este recorrido emocional por el pasado no podía faltar un episodio dedicado (en este caso, sin pizca de humor) a las consecuencias del conflicto bélico que enfrentó a los españoles, la Guerra Civil. En él, Gatony y su padre visitarán a Indalecio, un antiguo “camarada” del padre del joven gato. Ambos rememorarán tiempos pasados mientras Gatony se reencuentra con Falín, al que hará un “regalo” muy especial. 

Y para terminar este recorrido por las siete vidas del protagonista, una historia de amor, la que Gatony vive con Galintia, una niña de lo más misterioso.

¿Qué puedo decir de Josep María Beà? Yo fui uno de esos chavales que se creció leyendo sus historias sobre esos futuros imposibles, barrocos, impregnados por un sentido del humor y un surrealismo muy personales. Mi “mochila” de lecturas está cargada, y siempre lo estará por aquellas “Historias de la taberna galáctica”, “El Muro” y ”La esfera cúbica”, por las que sólo puedo dar las gracias a uno de los autores más innovadores de la viñeta patria, un artista multidisciplinar, como los llaman ahora, que ha cultivado, además de los cómics, la televisión, la música, siendo además de editor, autor de uno de los textos teórico de referencia en el mundo del tebeo, “La técnica del cómic”.

En este caso particular, el Maestro Beà rememora historias de su infancia, en un relato nostálgico no falto de la socarronería propia de este genial autor.

Soy de los que creen que los homenajes han de hacerse en vida, y la publicación de este “Siete vidas” por parte de la editorial Astiberri me parece de lo más oportuno y justo.

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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