El peso del legado

"Marvel Gold. Nick Furia, agente de S.H.I.E.L.D. nº 2", Jim Steranko, VV.AA. (Panini Cómics)

Hay ocasiones en los que el talento, la innovación gráfica y narrativa pueden suponer una losa para los “herederos” de una colección. Hablando de los comic-books norteamericanos de Marvel, algo de esto sucedió desde el momento en el que un joven Jim Steranko, totalmente desconocido, se coló en las oficinas de La Casa de las Ideas y sin escatimar arrogancia pidió ver al editor jefe, el todopoderoso Stan “The Man” Lee. El resto ya es historia conocida por todos. Steranko rápidamente pasó a formar parte de la plantilla de la editorial y sustituir a un agotado Jack Kirby, que ya no daba a basto con el dibujo de tantas colecciones. Pocos número pasaron hasta que Steranko se hiciera con las riendas de la colección “Strange Tales”, o mejor dicho con las páginas protagonizadas por el rudo Nick Furia, el líder de la organización secreta S.H.E.L.D. (Esta etapa la pudimos disfrutar en el anterior volumen).

Pero desde su entrada en el titulo, las cosas comenzaron a cambiar, primero gráficamente. Y es que, aunque Steranko admiraba el estilo de Kirby, su camino gráfico iba por otros derroteros más, digámoslo, innovadores. Bebiendo del pop art, el talentoso joven estilizó a su protagonista, lo vistió a la moda de aquellos años, lo embutió en un uniforme de combate, nos mostró un apartamento inspirado en el propio de Steranko y, por si esto fuera poco, en sus historias fue teniendo mucho peso el elemento tecnológico: Temibles artefactos que podían terminar con el mundo tan solo pulsando un botón, coches voladores, mascaras con las que se podían imitar a la perfección los rasgos de cualquier persona…

Y esto no fue todo, ya que el ahora autor completo (llegó a ocuparse hasta de la rotulación y el color) proponía una forma de narrar novedosa, impactante, donde las poderosas imágenes primaban sobre el texto. De hecho, una de sus más famosas propuestas fueron aquellas primeras páginas del primer número de la nueva colección protagonizada íntegramente por Furia.

Steranko, tal vez sin saberlo, estaba haciendo historia en los cómics. Pero la cosa no iba a durar mucho, por desgracia. Durante cuatro números, cuatro joyas a revisar una y mil veces, conoceremos a un nuevo y temible enemigo que pretende acabar con la vida del protagonista, tras la pregunta “¿Quién es Escorpión?” se escondía una aventura que ponía en peligro, una vez más, a Furia, revelándose el nuevo personaje como un villano imbatible, casi inmortal…

De ahí, conoceríamos a Centurius, un misterioso tipo tras cuya máscara se encontraba un científico, Noah Black que, pretendía terminar con la vida en la Tierra para volver a repoblarla. Furia, con la ayuda del agente Jimmy Woo lograrán desbaratar los desquiciados planes de este mad doctor.

Y, de pronto, un Steranko del que podíamos esperar todo lo bueno, abandona la parafernalia high tech, el espionaje, y nos traslada a Escocia, a una mansión, la Ravenlock, sita en medio de un solitario páramo, donde este genio de los cómics va a rendir un homenaje a, por una parte, Conan Doyle con su “Sabueso de los Baskerville” y a Richard Matheson con “La Casa Infernal”: Un antiguo compañero de armas de Nick ha fallecido y este acude a la lóbrega casa para experimentar en sus propias carnes la presencia de un fantasma y un temible y enorme dogo que se las va a hacer pasar canutas. Pero, ¿es todo real o existe un secreto detrás de estas apariciones? Junto a un grupo de investigadores de los paranormal llegará a la solución del misterio.

Tras un leve descanso en el número 4 de la colección, donde fue sustituido por Roy Thomas y Frank Springer, Steranko regresó, y no lo hizo solo, ya que trajo de nuevo a la colección al letal Escorpión, que en esta ocasión casi consigue matar a Nick Furia, ya que lo introduce en una prueba para testear la capacidad de resistencia de un S.D.V (o lo que es lo mismo, un señuelo dotado de vida) y bueno, las cosas se le van a poner bastante complicadas al pobre de Nick.

Y hasta aquí llegó todo, el cansancio, la presión de las entregas mensuales o algún secreto que no se ha conocido, hicieron que Jim Steranko abandonara la colección, tan sólo habiendo  dibujando un puñado de números. Es por eso que hablo del peso, de la responsabilidad que tuvieron los equipos artísticos que llegaron a la cabecera para sustituirlo, algo del todo imposible. Pese a que se intentó, y las ordenes de Lee hacia sus artistas era que, ahora sí, podían experimentar, romper la página, hacer lo que fuera para poder imitar a Steranko, el talento de éste era totalmente inimitable y aunque el resto de números de la colección ofrecen una serie de distraídas historias, la huella de el hombre que transformó a Nick Furia siempre estuvo ahí, para ser comparada…

Roy Thomas, Archie Goodwin, Ernie Hart, Gary Friedrich, Steve Parkhouse, Frank Springer, Herb Trimpe, Barry Smith, Dick Ayers, Sal Buscema… Ellos fueron los talentosos artistas (guionistas y dibujantes) que recogieron la antorcha dejada por Steranko y continuaron las aventuras de Nick Furia hasta que la bajada de ventas dentro de una crisis de los comics generalizada hizo que la colección cerrara en el número 18 (tras la reedición de algunas aventuras clásicas).

Este imprescindible volumen reúne, además de unos textos que os pondrán en situación (uno de ellos viene firmado por el propio Jim Steranko, explicando su llegada a Marvel y “plan de ataque” a la hora de afrontar las aventuras del director de S.H.I.E.L.D.) una serie de extras, portadas inéditas, páginas sin censurar y demás ilustraciones que lo convierte en una auténtica joya.

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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