Snikt!, o el Síndrome de Stendhal llevado a la violencia

"100% Marvel HC. Lobezno: Arma X", Barry Windsor-Smith (Panini Comics)

En estos días, la figura de Lobezno está en boca de propios y extraños. ¿Y por qué sucede esto? Una nueva producción hollywoodiense, “Logan”, nos muestra al cascarrabias canadiense en un futuro lejano, basándose en el concepto creado por Mark Millar y Steve McNiven en la exitosa miniserie “Old Man Logan” que Marvel Comics publicó hace ya algún tiempo.

Muchas veces he llegado a preguntarme qué es lo que le gusta tanto a la gente de este personaje, sean o no lectores de cómic (me he encontrado con tipos que lo llevan tatuado en el cuerpo y os aseguro que no se han leído un tebeo protagonizado por él) y creo que es esa mezcla de furia, fuerza, violencia y, sobre todo, el misterio que siempre lo rodeó. Desde aquella primeriza aparición en la que se enfrentaba a Hulk en medio de un paraje helado, en la que cumplió una mera función decorativa, hasta que poco después (sobre todo gracias a la impagable labor de un genio de las viñetas como es John Byrne) el personaje se hizo su hueco entre esa renovada Patrulla-X escrita por Chris Claremont. Pero, salvo algunas pequeñas pistas sobre su pasado poco se sabía de él y cómo había llegado a ser lo que era: Un mutante cuyo poder regenerativo lo convertía en un ser prácticamente inmortal y cuyos huesos estaban forrados por una de las aleaciones más fuertes que existen en el mundo de las viñetas marvelitas, el adamantium.

Pero en 1991, los ávidos lectores que demandaban más información sobre el personaje, por fin recibieron una buena ración de ella. Alucinábamos al ver las primeras imágenes de aquello que llegaría a titularse con el nombre clave del proyecto en el que el protagonista se iba a convertir en lo más parecido a una cobaya: Arma X.

Pero, claro está, con lo que nos llevamos realmente las manos a la cabeza era con su autor, uno de esos artistas que no se prodigan demasiado y que han marcado un antes y un después desde el mismo momento en el que empezaron a dedicarse a esto de las viñetas. Me refiero, por supuesto, al británico Barry Windsor-Smith, que dejó a todos boquiabiertos con su brutal evolución en la serie de Conan El Bárbaro. Bebiendo de la corriente artística prerrafaelista, sus ilustraciones entraron en la Casa de las Ideas como una bocanada de viento. La influencia de, entre otros, Dante Gabriel Rossetti o Edward Burne-Jones, se dejaba ver en sus páginas, firmando auténticas maravillas como las adaptaciones de los relatos de Robert E. Howard, “Clavos Rojos” y “La torre del elefante”, por citar sólo un par.

Pero volviendo a Lobezno y Arma-X, a Barry Smith le dieron libertad absoluta y la posibilidad de dividir su historia en entregas de ocho páginas que serían publicadas en la cabecera Marvel Comics Presents, por lo que las fechas de entrega no supusieron un problema para que el maravilloso trabajo del autor se resintiera, debido a su detallismo.

¿Y qué nos cuenta el autor? Pues nada más y nada menos cómo Lobezno, alejado del servicio activo para el gobierno canadiense, pasa sus días ahogado en cerveza. Lo que él no sabe es que un misterioso profesor lo ha venido observando y, tras raptarlo no sin bastante dificultad (tened en cuenta que debido a su poder de regeneración, el efecto de cualquier droga se diluye con rapidez en el organismo del protagonista) y llevado a unos ocultos laboratorios donde su cuerpo va a ser sometido a la mayor de las torturas, ya que se le introducirá el adamantium, material que, claro está, al principio es rechazado. Podéis imaginar el auténtico calvario que supondrá esta experiencia para Logan. Pero esto sólo es el principio…

Como su nombre clave indica, lo que este sádico profesor, junto a su equipo formado por el Dr. Cornelius y una ayudante llamada Hines, es convertir al canadiense en una obediente arma de combate, un ser casi indestructible. Así que tras el dolor vendrán las drogas y los test, enfrentándolo a una y mil situaciones violentas.

Pero claro, ninguno de sus captores imaginaban que Lobezno es una arrolladora fuerza de la naturaleza y que es imposible de domesticar…

Barry Smith nos ofrece un guion sin fisuras, que te engancha desde el principio, y va al grano sin dar rodeos. Todo ello acompañado por páginas que quitan el aliento, en las que hay que detenerse en una segunda lectura para disfrutar del talento del artista británico, en el que supuso uno de sus últimos trabajos extensos en el mundo del cómic. La violencia, la sangre, la tortura a la que es sometido el cuerpo del protagonista, sumado al barroquismo y belleza de las ilustraciones. Todo esto nos lleva a una de las mejores historias que se han escrito sobre el personaje y que ahora Panini Comics reedita con un nuevo formato acompañado, como suele ser marca de la casa, por unos extras de los más atractivos.

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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