¡Ríanse, por favor!

"Disparen al humorista", Darío Adanti (Astiberri)

Es bastante común que, en las entrevistas, los intérpretes de cine, teatro o televisión, coincidan  siempre  en la misma opinión: Hacer reír es complicado, mucho más que llevar el llanto a la platea. Nosotros, receptores, la mayoría de las veces no sabemos darle al importancia que tiene el humor en nuestras vidas. Anímicamente nos saca del hoyo oscuro del enfado o la tristeza. Es como un efectivo bálsamo que todo lo cura. Es por ello que tenemos, debemos de mirar de otra manera a los comunicadores de ese humor. En este caso particular, a los humoristas gráficos (aunque el autor de este ensayo, Darío Adanti, se autodefina como “humorista” a secas).

Vivimos tiempos de mordazas, imaginarias y muy reales. Los poderes fácticos siempre tratan de coartar las libertades, y una de ellas, quizás la más importante, es la de la libertad de expresión. Y el humor es sinónimo de libertad, por mucho que un chiste nos llegue a doler, a golpear como un imaginario puño, hemos de aceptarlo. Es impensable que el autor deba autocensurarse, en todo caso somos nosotros los que, sin tal o cual autor no nos gusta, nos parece excesivo, extremo, debemos dejar de seguirlo. Esa posibilidad de elegir tal o cual opción de la que hablaba antes también es aplicable al lector, el receptor del chiste o broma. Un ejemplo práctico: Si vamos andando por la calle y vemos un charco, ¿Qué hacemos? Algunos lo rodearan, evitando mojarse. Pero otros lo pisarán, mojándose… Con el humor pasa lo mismo, no debe de tener límites, sobre todo por un detalle que la mayoría de los críticos no tienen el cuenta: Un chiste es ficción, no realidad. Toma una noticia, una anécdota y la continúa, transformándola. Ya no es real, no ha ocurrido. Es FICCIÓN, y como tal, debemos de ser muy cortos de entendederas para no captar que, si nos ofende un chiste, lo mismo puede ocurrir con una película, una novela, una obra de teatro…

La desgracia acaecida con el asesinato de varios miembros de la revista satírica gala Charlie Hebdo es el punto de partida para reflexionar sobre todos, y muchos más temas (tremendo el texto que sirve como prólogo al libro).

Darío Adanti, humorista argentino con una larga trayectoria (aunque muchos lo han conocido por ser uno de los fundadores de la revistas satírica Mongolia, donde fueron publicadas muchas de las páginas que este ensayo recopila), sabe mucho de esto del Humor y nos regala un tremendo ensayo en viñetas (como no podía ser de otra manera) en el que disecciona y define el papel del humorista, el origen de eso tan abstracto como es la risa; ¿de dónde viene el chiste?, el Mandamiento del Humor (sí, ¿creían que no los había?).

Acompañados por dos de sus personajes, Palito Bonardi y el gato Fabricio Mil Leches llegaremos, cual exploradores, a ese recóndito lugar donde  nace el humor; hay veces en los que éste surge de una manera involuntaria, la mayoría de ocasiones por la ignorancia o imbecilidad de algunos medios (el ejemplo que ofrece Adanti es entre triste y surreal); los principios fundamentales del humor; ¿Qué es la sátira? (con la intervención especial, nada más y nada menos, de Woody Allen); La historia de uno de los grandes del medio, Lenny Bruce; ¿Son compatibles el humor con el activismo?; El humor menos comprendido, el negro; ¿Hay límites en los límites?; Viajaremos al principio, la génesis de la creación, para contemplar el nacimiento del humor y así como conoceremos qué es eso del posthumor. Y con uno de los chistes más surrealistas y repetidos de la historia (tranquilos, no es del perro Mistetas…), el autor realiza una labor de desmenuzamiento, explicando de una manera clara y gráfica como se desarrolla éste.

Y así seguiremos hasta el final, en el que el humorista se encuentra, una vez más sólo ante la concurrencia y concluye con una serie de verdades que deberían de ser calificadas como universales. Pero, querido lector, si quiere conocerlas, primero tendrán que sumergirse en este ensayo. Eso sí, ¡con buen humor!

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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