Para ti, que eres joven

"Tebeos. Las revistas juveniles", VV. AA. (ACT Ediciones)

Para todos aquellos que, hoy en día, adquirís vuestros cómics en librerías, tiendas especializadas o comprándolos directamente vía internet, igual es difícil de imaginar que hace unos años (tal vez no tantos como parece) la única manera de poder hacerse con un ejemplar de aquel tebeo que te gustaba, era acudir al quiosco del barrio. Eso sí, sin la seguridad de que pudieras encontrar números consecutivos, aquello se convirtió en una lotería que provocó la desilusión de más de un jovencito.

Precisamente en estos quioscos, convertidos con el paso del tiempo en una especie en vías de extinción, se vendieron los tebeos de los que habla el nuevo libro editado por ACT, o sea, la Asociación Tebeosfera. Pero si en la primera entrega de la colección “Memoria de la Historieta” se hablaba de aquellas publicaciones destinadas a los más pequeños de la casa, en ésta segunda se van a sumergir de lleno en la génesis de varias cabeceras, juveniles, que marcaron a generaciones de lectores. Y como es marca de la casa, los diferentes autores de cada capítulo lo hacen con la rigurosidad que acostumbran a tener sus escritos, ofreciendo datos a mansalva y, sobre todo (lo cual resulta especialmente interesante) situándolo dentro del contexto histórico de un país con una pasado tan convulso como el que tuvieron que padecer nuestros abuelos y padres.

Tras un nostálgico prólogo de Fernando Savater (casi nada) nos lanzamos de lleno a la creación, nacimiento de la que quizá fue la revista de historieta que marcó la línea, el patrón de como deberían ser este tipo de publicaciones: Manuel Barrero y Alfons Moliné nos desvelarán que antes de que la editorial Bruguera fuera esa Bruguera cuasi mítica se llamaba de otra manera, haciendo referencia a cierto minino de color oscuro.

La inocencia de aquellas primeras historias destinada a los chavales de la época, el humor más descacharrante, fueron evolucionando, cambiando a través del tiempo, a la vez que el propio medio, la historieta se iba haciendo “mayor”. Pulgarcito fue un caldo de cultivo, terreno de pruebas que, claro está, tuvo que vivir con la sombra de la censura sobre ella y fue la “cuna” de toda una generación que con el paso de los años fue bautizada como “Generación Bruguera”.

Otro de los grandes teóricos de nuestro país, Alvaro M. Pons nos narrará cómo y por qué Bruguera decidió crear la revista DDT, un intento de crear un formato nuevo, ambicioso, fijándose claramente en lo que se hacía allende los mares con otra publicación, Rico Tipo. Dentro de esta DDT se apostó fuerte por unas historias en las que se criticaba veladamente a aquella sociedad, la nuestra, al española: Timadores, empresarios vampiros, caraduras influyentes… Incluso el seno familiar, aquella estampa que se vendía como perfecta tuvo su buena dosis de mofa y befa por algunos de los vitriólicos autores que componían el staff de aquella publicación que pretendía “acabar con las penas”.

De ahí pasaremos, daremos un gran salto cualitativo y temporal con El Coyote, cabecera en la que ya la Aventura con mayúsculas, las historias de género, eran su mayor atractivo. Claramente influenciada por publicaciones y autores norteamericanos, dentro de convivieron autores patrios y series compradas a mercados como el británico. Claramente, la publicación de esta cabecera quiso suponer (y lo consiguió) un avance, una evolución en lo qué quería contar y el público al que estaba destinado. La ñoñez del pasado fue sustituida por una buena ración de acción, peripecias y una violencia que hasta aquellos tiempos no habían visto los casi vírgenes ojos de los españolitos de la época. El viaje lo realizaremos de la mano de  José María Conget.

Y de ahí a un capítulo muy importante dentro de este libro, y son las revistas dirigidas a las féminas de la casa, esas mujercitas que con la sucesiva lectura de publicaciones como Sissy, Lily Y Esther aprendieron a “comportarse”en el papel que debían cumplir: Ser buenas novias, buenas amas de casa, fundar una familia… Con el paso del tiempo se “modernizaron”, convirtiéndose en entes algo más independientes, compartieron los cotilleos que venían desde el lejano Hollywood y disfrutaron de las peripecias de una jovencita cuyo nombre dio título a una de estas revistas, convirtiéndose en uno de los inolvidables personajes de la historia del tebeo español. Publicaciones éstas que fueron el germen de aquellas “Super Pop” y “Nuevo Vale” que enloquecieron, en los 70 y 80, a otra generación muy diferente de chicas. José Joaquín Rodríguez y Paula Andrea Sepúlveda nos los narran.

En el siguiente capítulo conoceremos como, en la Cataluña en la que estaba prohibido por la dictadura franquista el uso de su lengua autóctona en público, nació una publicación como Patufet, heredera de En Patufet. Jordi Riera Pujal hace un completo recorrido por la génesis del título que nació en 1968 y que, junto a otra clásica cabecera en catalán, Cavall Fort, acompañó a los niños catalanes durante muchos años (de hecho, la segunda aún lo sigue haciendo, habiéndose convertido en la más longeva). Dentro de sus páginas se dieron cita, con el paso de los años, una serie de autores, jóvenes de extremado talento, que darían sus primeros pasos creativos y crecieron en sus páginas…

El remate a este “viaje” a través de la historia de las revistas para jóvenes, trayecto también histórico, lo realiza Rafael Marín, que nos habla sobre Trinca, la cabecera que sí demostró que los tiempos estaban cambiando, ya que todo en ella era novedoso y se notaba desde el primer número un ánimo de transformación, de evolución en sus propuestas. Vendida incluso en los colegios (saltándose el obligado paso por los quioscos a los que recordaba al principio), los chavales de aquella España que estaba a punto de ser otra, alucinaron con la calidad de su papel, esos colores que parecían salirse de las páginas y sobre todo, claro está, de las historietas que contenía: Aventura, acción, temas actuales, y un humor que por primera vez se choteaba de los tópicos de aquel país de pandereta…

Luego vendrían muchas otras que cambiaron completamente la situación del cómic en nuestro país. Pero las contenidas en este imprescindible volumen fueron las primeras, y como suele decirse, y con razón, es bueno y necesario conocer el pasado para comprender el presente.

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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