“Mi nombre es Furia, Nick Furia…”

"Marvel Gold. Nick Furia, Agente de S.H.I.E.L.D. núm. 1", VV.AA. (Panini Comics)

Corrían los ya lejanos años sesenta y Martin Goodman, el por aquel entonces propietario de Marvel Comics, debía de estar frotándose las manos con el éxito de los tebeos de su editorial. Aquellos personajes estaban calando entre la juventud y las ventas subían y subían cada mes, pero aún quería más (su “batalla” con la competencia, DC Comics, fue encarnizada) y por ello le dio carta blanca a su editor y guionista Stan Lee para que creara personajes a porrillo.

En este caso particular, Lee pensó en reintroducir a un personaje que ya existía, el adusto y bravucón Sargento Nick Furia que, junto a sus fieles Comandos Aulladores le había pateado el trasero varias veces a la amenaza nazi en la Europa sumergida en el segundo gran conflicto. ¿Y qué mejor manera que hacerlo a través de la colección que mejor funcionaba en aquello momentos y, claro está, junto a su partner gráfico Jack Kirby? Pues bien, en el número 21 de Fantastic Four seremos testigos del retorno de este curtido militar que, puro en boca, viene a hacérselo pasar mal a los villanos. Y para comenzar, que mejor que enfrentarse al misterioso Aborrecedor, un tipo que propaga el racismo, la intolerancia y la violencia en las calles de New York. Se os caerá la mandíbula cuando sepáis quién se ocultaba bajo esa capucha que recuerda a los miembros de la triple KKK.

Temerosos aún de darle su propia cabecera, el dúo Lee-Kirby continuaron las aventuras de Furia dentro de una cabeceras que ya existía, “Strange Tales”, donde compartiría (en ocasiones) portada con el gran Místico del Universo Marvel (ahora más de moda que nunca, gracias a la exitosa producción hollywoodiense), el Doctor Extraño. Pero claro, Nick Furia es un tipo normal y corriente. Sí, es fuerte como un toro y tozudo como una mula, pero no posee poderes. Así que, influido por la exitosa creación de Sir Ian Fleming y alguna serie de la tele, pasó de ser un sargento que trabajaba para la CIA a dirigir un gran y secreto grupo de espías que actuaba a la sombra de los tipos con mallas y capa. Se trataba, claro está, de S.H.I.E.L.D., agencia donde se iban a desarrollar las principales aventuras de este personaje.

A estas alturas del cuento, todos sabemos que todo gran héroe debe de tener un villano, o villanos, a su altura. Y en este caso, la afilada mente de Lee trajo a una organización criminal casi imbatible que, como su propio nombre indicaba, tenía varias cabezas y, aunque cortaras una, otras dos la reemplazaban: ¡Hydra!

Los encapuchados miembros del grupo se las van a hacer pasar canutas a Furia y a sus agentes, en especial al antiguo compañero de aventuras, el pelirrojo Dum Dum Dugan que, con su bombín como sombrero, repartirá tortas a diestro y siniestro mientras combate dialécticamente con su jefazo, ofreciéndonos unos diálogos de lo más divertidos.

Una y otra vez el tentáculo de Hydra atacará, al principio comandados por Leslie Farrington y su hija Laura (que más tarde cambiará de bando, arrepentida de su carrera delictiva) y más tarde por un misterioso tipo que adopta varias y pintorescas personalidades: Don Caballero (parecía el nombre de un brandy…; un jeque árabe, el infiltrado agente Bronson y finalmente, un antiguo enemigo del protagonista).

Con Lee a los mandos las aventuras son divertidas, autoconclusivas. Jack Kirby, por su parte, deja la faena dura a los entintadores ya que, aunque poseía una capacidad de trabajo sobrehumana, todo tiene un límite, y solo abocetó los tebeos: Genios del acabado como John Severin o Don Heck ofrecieron el producto final. Pero nos será hasta el número 150 en el que comenzarán los cambios, el “traspaso de poderes”. Primero con un fugaz número dibujado por otro de los grandes de la Casa de las Ideas, John Buscema, y ya después por un tipo joven, que además de dibujar como los ángeles, se dedicaba a eso del escapismo y la magia. Se trataba de Jim Steranko, que comienza entintando a su maestro Kirby y que definitivamente coge las riendas de la colección en el número 155 y, sin él saberlo, comienza a crear un clásico de los comic-book.

Poco a poco, Steranko se van haciendo con el personaje que, incluso gráficamente cambia y pasa de ser un tipo casi pétreo, bastote, marca de la casa Kirby, a un estilizado y afeitado Furia (si miráis fotos de la época, Jim Steranko se basó en sí mismo para este “cambio de imagen” del personaje). Y argumentalmente hablando, comienzan los arcos más largos, en los que esta vez el protagonista se enfrentará a otro temible villano, la Garra Amarilla, un tipo que recuerda al letal Fu Manchú, aunque claro, antes de eso borrará del mapa a la isla Hydra y al comandante supremo de Hydra, cierto Barón de infausto recuerdo.

Y, por fin, Steranko introduce el elemento femenino en la historia, con la atractiva agente Valentina Allegro de Fontaine. Hasta ahora, Furia no había tenido tiempo de “confraternizar” con ninguna fémina, pero tiempo al tiempo…

Aunque la aportación más importante de Jim Steranko fue gráfica, resulta una delicia volver a disfrutar de sus viñetas páginas, sus collages, la influencia del arte Pop que las salpicó de lleno, la narrativa cada vez más cinematográfica (no os perdáis la larga secuencia resuelta en una página desplegable que viene en este tomo. ¡Espectacular!)

Las aventuras del Agente de S.H.I.E.L.D. os están esperando. Peripecias, peligros a mansalva, ingeniosos artilugios y villanos maliciosos. ¿Qué más se puede pedir?

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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