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"Palos de ciego", El Irra (Astiberrri)

Jesús, después de varios años fuera, regresa a su lugar de nacimiento, a su barrio. San Juan de Aznalfarache, Sevilla. Un ecosistema cerrado muy reconocible, donde el protagonista de esta historia se reencuentra con sus amigos de toda al vida: Miguelito el quiosquero; El Fae, su colega de mil y una correrías; Jose El Mursiégalo; El Charli; El Yu…

Volverá junto a su padre, Don José, El Saetero y su abuela, una pobre anciana asustada por un reciente robo en su casa.

Pero también están aquellos que nunca lo han mirado bien y, aunque el tiempo ha pasado, siguen teniendo una deuda pendiente con él. El Vargas lo provoca una y otra vez, buscando el enfrentamiento.

El barrio sigue igual, con sus casa ruinosas, los chavales con los ciclomotores, los bares, los chanchullos. Pero Jesús ya no es el mismo, aunque lo sigan persiguiendo varios fantasmas del pasado. Ha regresado para buscar un curro, algo de estabilidad. Y cómo no, tenía que llegar el momento en el que se cruzara con su amor de juventud, Irene. Aunque el tiempo no pasa en balde y las cosas han cambiado, ella ahora ejerce de prostituta y tiene una niña. Ha tenido que buscarse las habichuelas.

Éste es el caldo de cultivo donde se desarrolla una historia que mezcla el drama, la realidad social de esta Andalucía nuestra (aunque bien podría desarrollarse en un barrio de Madrid, Barcelona, San Sebastián u Orense). Todo ello bien bañado en un género, el negro, que aquí reniega de clasicismo: Nos vamos a encontrarnos a ningún detective con gabardina por aquí, robos, femme fatales, misterios que resolver…  Esa negritud real, creíble, costumbrista. A las viñetas se traslada una serie de situaciones que, para los que nos hemos criado y crecido en un barrio, no son nada ajenas: Secretos familiares, errores del pasado, superstición, odio, cuentas sin pagar y esa violencia soterrada que en el momento menos esperado puede estallar.

El Irra, su autor, nos habla en esta primera obra larga, de lo que conoce, de su tierra, sus vecinos. Apuesto lo que queráis a que más de una de las situaciones que se narran en este cómic provienen de la realidad. Se nota.

¿Y los diálogos? Magníficos. Ese argot tan reconocible que nos termina de situar en el lugar y retrata a una serie de personajes a los que parece que conoces desde toda la vida (He de admitir que se me ha escapado más de una sonrisa con algunos momentos de la narración, geniales).

Heredero confeso de ese genio llamado Frank Miller (al que homenajea en el tebeo…), el trazo nervioso de El Irra, su forma de narrar, clara, efectiva pero no efectista, nos lleva de la mano de la realidad a las pesadillas que acosan a Jesús.

Como una buena Soleá, que surge de la desgarrada garganta de un cantaor. Así es “Palos de ciego”. Confirmación absoluta del talento de su autor, El Irra y de la magnífica situación creativa que se vive en estos momentos, en lo que al cómic se refiere, en tierras andaluzas.

Terminando ya el año, se despide con este pedazo de tebeo, al que le presagio una trayectoria brillante. Fijo que estará en más de una de las nominaciones de los diferentes premios que se otorgan a lo largo y ancho de nuestro país.

No se lo pierdan.

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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