Las reglas del Juego

"Philémon: Integral 2", Fred (ECC Ediciones)

¿Os gusta jugar? Si vuestra respuesta es afirmativa, éste es el tebeo perfecto para vosotros. A su autor, el galo Fred, efectivamente le encantaba el juego: Seguidor y practicante de las corrientes dadaístas y surrealistas, en su caso particular las aplicó a la BD (Bande Dessineé, nombre con el que se denomina al tebeo en Francia), saltándose las reglas de la narración gráfica. En las primeras historias de su personaje, el joven Philémon, hay un tímido intento de romper el establecido corsé del número y tamaño de las viñetas a la hora de narrar una historia. Poco a poco, y en este segundo tomo más, vemos y disfrutamos de cómo el autor se divierte, haciendo de las viñetas y los diálogos un “personaje” más en la historia que nos cuenta en las que, si os fijáis, importa más cómo la cuenta que el origen de la misma, que siempre suele ser muy parecido, al menos desde “El naufrago de la A” que marcaría el hilo argumental de los siguientes álbumes: El descubrimiento por parte del muchacho de que las letras que forman la palabra “A T L Á N T I C O” son en realidad islas, lugares muy diferentes el uno del otro, donde va a correr infinidad de aventuras con el Sr. Barthélémy (habitante de la “A”), que después de convertirse en un personaje fuera de su entorno, tratará por todos los medios a su alcance (a cada cual más curioso) el regresar a su casa, junto a su fiel amigo y sirviente, el centauro Viernes (Obvio guiño al “Robinson Crusoe” de Daniel Dafoe).

Con realmente pocos personajes protagonistas, Philémon, su burro parlante Anatole, el Sr. Bartélémy y su tío Felicien, que conoce todos los misterios de esos lugares tan exóticos y la forma de acceder a ellos; Fred compone una serie de aventuras, peripecias que beben claramente del “Alicia en el País de las Maravillas”, de Lewis Carroll, solo que aquí el espejo a través del que Philemón accede a esas otras realidades son un pozo, una cuerda, por culpa de un rayo… Siendo curioso que estos personajes, al interactuar con esos “otros” parajes, los transforman, como en el primer album recopilado en este integral, en “Simbabbad de Batbab”, el Sr, Bartélémy, en su desesperado afán por regresar a la ahora lejana isla de “A”, penetrará por un pozo, sin sospechar que todas las leyes físicas del lugar van a cambiar drásticamente y, junto al alucinado Philémon, conocerán a Simbabbad, un perro gigantesco y parlante…

Una luna rota, guardias que van sobre zancos, un invocador de oasis, una bruja novata que la va a liar parda con la organización de una página (atentos a esta historia porque es un auténtico festival visual, donde el autor transgrede las leyes de la narración gráfica y se sirve de ella para  jugar y, de paso deleitarnos con una historia tremendamente divertida); gigantescas marionetas, los Manu Manus, Atrapatontos, lugares que son meros decorados, barcos que se mueven con el paisaje, nieblas de color de rosa, los temibles Disyuntores de la risa… Hasta veremos a Anatole convertido en ¡ministro!

“Philémon” es sinónimo de gozada, ya que es inimaginable que permanezcas impasible ante lo que ves en sus páginas, repletas de magia y diversión. No seas como Hugo, el incrédulo padre del protagonista, libérate de los prejuicios y lánzate de cabeza a este mar de buenas sensaciones gráficas junto a Fred, el autor de esta maravilla de tebeo.

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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