Pobre pollito…

"Abelardo", Dillies, Hautière (Ediciones La Cúpula)

El protagonista de esta historia, Abelardo, vive en las plácidas marismas, un lugar tranquilo en el que lo más emocionante que se puede hacer es ir a pescar con tus amigos. Uno de ellos, Mikhail, que ha recorrido mundo, le recomienda que se olvide de salir de esas tierras, ya que no va a encontrar nada mejor más allá del horizonte. Pero, ay… Pese a los consejos en forma de frases que aparecen en su sombrero, el joven pollo no puede evitar sentir en salto en su corazón cuando ve por primera vez a la joven Epilia. Y ya sabemos que el amor es más fuerte que cualquier otro sentimiento.

Con un escueto mensaje de “Vuelvo enseguida”, Abelardo emprende el que va a ser el viaje de su vida, a la busca de un buen regalo para la chica de la que se ha enamorado que, por otra parte, tampoco es que se haya percatado de ello. Ni Eugenio, ni Slavko, tampoco Mikhail, sus amigos de siempre, tienen la oportunidad de quitarle de la cabeza al muchacho las locas ideas que lo hacen abandonar su casa. Desconoce los peligros con los que se encontrará en el camino, ya que la vida real es otra cosa y él, en su inocencia, no está preparado para enfrentarse a ella.

Su primera parada la hará en un circo de gitanos, donde conocerá que hay gente (animales en este particular relato) que odian a otros por el color de su pelaje o plumas. No puede entenderlo y aún menos los vaticinios que Madame Zaza, una vidente, le hace sobre su futuro.

Pero en el camino encontrará también algo muy valioso, la amistad. Aunque al principio le cueste bastante, el grandullón Gastón, un oso que parece haber sufrido los embates de la vida, le dará algún que otro buen consejo, incluso defendiéndolo en situaciones peligrosas, porque ya conocemos el mal que anida en las grandes ciudades, donde aves de mal agüero esperan a la más mínima distracción para aprovecharse de la inocencia e inexperiencia de seres como el pobre Abelardo, que de pronto, se encuentra una vez más solo, sin dinero e incapaz de zarpar en uno de esos grandes buques que lo llevarán al otro lado del mar, a la ciudad de los altos rascacielos donde podrá coger las estrellas para Epilia, su amada.

Protagonizada por animales antropomórficos, nos encontramos con una obra que muestra la inocencia de su protagonista, que vive en un lugar aislado y que, por desgracia, desconoce la realidad que existe más allá de esas tierras y que aprenderá algunas cosas buenas y sufrirá en propias carnes otra malas. Una metáfora triste, con un protagonista que, pese a ser continuamente vapuleado por la mala suerte, no pierde nunca la ilusión.

Sus autores, los galos Renaud Dillies y Régis Hautière nos sumergen es un mundo poblado por animales, con comportamientos muy humanos, como ya hicieron en su momento Walt Kelly y su “Pogo” o Craig Thompson en “Adios, Chunky Rice” (con la que diría que tiene algunos puntos de coincidencia).

Al llegar a sus últimas páginas no puedes evitar esbozar una leve sonrisa, melancólica, al comprobar que, pese a todo, el sueño del pequeño pollo, acaba cumpliéndose.

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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