¿Conoces a los Niños de las Estrellas?

"Sunny vol. 3, 4", Taiyô Matsumoto (ECC Ediciones)

La infancia. Estoy seguro de que si hiciéramos una encuesta preguntando cuál ha sido la mejor y más feliz época de nuestras vidas, un alto porcentaje respondería que la niñez. Es un tiempo en el que carecemos de responsabilidades, vivimos en nuestro mundo y poco a poco vamos aprendiendo lo que es la vida, al interactuar con nuestros semejantes y vivir ciertas situaciones. Por supuesto, hay momentos tristes, duros, que tal vez no comprendamos al principio pero que, sin nosotros percatarnos, van a ir forjando nuestra futura personalidad como adultos.

El mangaka japonés Taiyô Matsumoto que, hasta hace relativamente poco, era casi un desconocido en nuestro país, es un maestro narrando el día a día de estos pequeños protagonistas. En “Go Go Monster” lo hizo en clave de suspense y terror, así como en una surrealista aventura con su primera obra publicada en España, “Tekkonkinkreet” (que fue llevada al mundo de la animación, convirtiéndola en una pieza de culto). Los personajes de este autor nipón viven en un mundo muy parecido al nuestro, aunque hay ocasiones en las que los animales (gatos, perros, aves…) interactúan y hasta se comunican con los humanos, impregnando la narración con una ligera pátina de realismo mágico.

La casa de los niños de las estrellas es un albergue donde se recoge a chavales cuyos padres, por mil motivos, no pueden hacerse cargo de ellos y ellas. El tiempo ha hecho que convivan como una gran y desestructurada familia, ya que, como podréis imaginar, los problemillas surgen a cada segundo que pasa…

Curiosamente, el tomo tercero se abre con el inesperado regreso de un antiguo habitante de esta peculiar casa, Tanishi, que no dejó un buen recuerdo entre los adultos del lugar, ya que su comportamiento marrullero estuvo a punto de enviarlo a prisión. Pero el tiempo todo lo cambia y este Tanishi, un adulto, ya no es el que era.

Makio es otro de esos chicos que ya han alcanzado la edad adulta pero siguen teniendo un fuerte vínculo con el albergue, aunque fuera de ahí la vida es otra cosa y las ilusiones, los sueños, son difíciles de alcanzar y el muchacho no tiene nada claro que puede hacer con su futuro, aunque hay una experiencia vital que lo llama, lo atrae como la polilla a una llama.

Megumi y Kiiko, como ya pudimos ver en anteriores volúmenes, son las mejores amigas del mundo, inseparables, pero cuando van al colegio la mayoría de sus compañeras las mira con caras raras, ya que no tienen unos padres o madres de los que puedan hablar, tan sólo del día a día junto a sus compañeros en la casa, esos “hermanos” que no han elegido. El problema surgirá cuando un grupo de compañeras las inviten a merendar y Kiiko se niegue.

¿Qué ocurrirá cuando un equipo de la televisión japonesa irrumpa en la casa para rodar un reportaje protagonizado por sus habitantes? Habrá diversión y la confusión de Haruo, el chico de pelo blanco que, como siempre, tiene serias dificultades para manejar sus sentimientos.

Una de las historias más divertidas, a la vez que tristes, es la de las hermanas Shôsuke y Sunsuke, que siempre andan haciendo de las suyas, en este caso dentro de un centro comercial cercano al hospital donde la madre de ambas está ingresada.

Y para concluir este volumen, el solitario Sei, que siempre cuenta que su madre va a recogerlo, tiene un “leve” problema con los habitantes de una porqueriza cercana…

En el tomo cuarto, Haruo, rebelde como ninguno, seguirá dando problemas al negarse a ir a clase y cometer pequeños robos en los establecimientos de la zona.

Kenji y Asako son otros dos hermanos que residen en la casa de las estrellas, son de los más mayores y cuando reciben la inesperada visita de su madre uno de ellos se hará ilusiones, pensando que va a abandonar el lugar. Pero la realidad acudirá para golpearlos con fuerza.

Seguiremos los pasos del Sei, que sigue sin recibir misivas de su familia, lo que hace que se recluya aún más en su interior. Pero siempre hay un rayo de luz que surge entre las oscuras nubes, y en este caso se trata de la pizpireta niña Kumi, una compañera de instituto de la que se hará amiga, pese a la las chanzas de algunos de los chicos de la casa.

Imagino lo que supondrá para un niño que tus padres, a los que hace mucho tiempo que no ves, vengan de pronto, a sacarte del lugar. Los sentimientos de alegría y tristeza se mezclan, surgiendo hasta una pizca de crueldad, ya que tú te marchas pero todos esos niños, esa “familia” que se ha creado, permanecerá allí. Esto le ocurre a Kiiko, que hace su maleta para regresar junto a los suyos, sin ella imaginarse que al poco tiempo volverá a la casa. Y es que la vida de los adultos es muy complicada.

Y si no que se lo digan a Haruo, que mientras quema imaginariamente los neumáticos de ese auto Sunny en el que recorre a toda velocidad las carreteras del país, recibe la visita de su padre, un tipo bastante curioso, que ha viajado de una punta del país a otra haciendo autostop. El chico y su progenitor se entienden a la perfección y Haruo sabe de sobras que no ha venido a sacarlo del lugar, más bien a dejarle clara algunas situaciones. La realidad puede llegar a doler más que la más fuerte de las bofetadas.

Mientras tanto, Târo, el gigante de la casa, va de un lugar a otro y con su mirada y comportamiento infantil vive el día a día en el lugar.

Una obra esta que le ha valido a su autor multitud de nominaciones y premios, ya que recrea a la perfección el mundo infantil, aliñándolo con experiencias personales y un dibujo super personal.

En “Sunny” vamos a encontrar risas, llantos, poesía… En fin, la vida de un grupo de inolvidables niños y niñas.

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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