Yo, ¿robot?

"Marvel Gold. Hombre Máquina: iron Man 2020", VV.AA. (Panini Comics)

Imagino que a principios de los años 80, los guionistas de cómics y escritores pensaban que el todavía lejano año 2020 sería una época repleta de futuristas innovaciones. Estamos a punto de entrar en el 2016 y, la verdad, las cosas han avanzado una barbaridad pero, por desgracia, aún no he visto coches voladores surcar los cielos, ni policías que portan pistolas láser o androides que conviven entre nosotros.

La imaginación de varios guionistas de esa Marvel ochentera hizo que en el 2020 una pandilla de fueras de la ley, con unos aspectos bastante coloridos (pelín horteras, dicho sea de paso…) y con unos nombres tan curiosos como Pesada, Cerebro, Chulo o Veloz, encuentren en un vertedero (esos si que son iguales a los de la actualidad) una abandonada caja que indica que su contenido es altamente peligroso. Obviamente, el cuarteto no se lo piensa dos veces y la abre, encontrándose con los componentes de un robot, el Hombre Máquina. Personaje éste creado por la fértil imaginación del genial Jack Kirby, dentro de la no menos espectacular versión que realizó de “2001, Una Odisea del Espacio”, en la que narraba el origen del personaje, sus sentimientos que lo  acercaban a la humanidad y las vicisitudes por las que pasaba…

Los saqueadores no saben que al reanimar al hombre artificial van a iniciar una serie de hechos que harán que varios personajes de su pasado regresen, y algunos con no muy buenas intenciones. Éste es un distópico mundo dominado por las megacorporaciones, y en una de ellas, Baintronics, dedicada a la fabricación de robots, su cabeza visible, Sunset Bait se pondrá algo nerviosa al conocer que el Hombre Máquina está de vuelta, y así se lo hace saber a una misteriosa ayudante que resulta ser nada más y nada menos que el amor perdido del protagonista, la también robótica Yocasta.

Del talento del guionista Tom De Falco surge una historia, cuyas páginas se devoran con rapidez, que mezcla algo de comedia, su buena dosis de drama y, por supuesto, mucha acción. En el apartado gráfico nos encontramos con una curiosa unión, el tándem formado por un clásico de las viñetas yanquis como es Herb Trimpe y, en aquellos tiempos, un joven pero talentoso Barry Windsor-Smith que, para desgracia de Trimpe, se lo come en las viñetas, debido al estilo tan personal que Barry Smith siempre ha tenido.

Al final de la miniserie de cuatro números conoceremos a Arno Stark, un tipo que se ha hecho rico debido a su inteligencia y conocimiento del mundo de los chanchullos, como el que le hizo adquirir la armadura del desaparecido Tony Stark. Pero tanta chulería y arrogancia se encontrarán con el muro de la realidad cuando sufra en propias carnes que, como alguien decía, “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Y así seremos testigos del viaje en el tiempo que ha de hacer para evitar una tragedia: Un desfigurado y alterado terrorista, Robert Saunders, pretende volar por los aires el edificio Stark… Curiosamente toda esta aventura será narrada en un anual de Spider-Man, el cual no tiene demasiado protagonismo, pero se nos muestra un desenlace muy duro, en el que cambiará por completo la manera de hacer las cosas de Arno Stark, cuando sufra en propias carnes una pérdida irreparable.

Y en la última historia contenida en este volumen, Walt Simonson y Bob Wiacek nos ofrecen otra historia protagonizada por Star, tiempo después de sufrir su tragedia, en la que tendrá que salvar la vida a una joven heredera que es raptada en una inhóspita isla. Pero tal vez las cosas no son los que parecen…

Es curioso comparar gráficamente esta historia con las anteriores, ya que se nota como la concepción de la página de comic-book estaba cambiando, transformándose, dejando atrás una composición más clásica. Bob Wiacek (tal vez influenciado por su compañero en este viaje, Simonson) utiliza viñetas página e incluso doble splash pages para dotar, al menos visualmente, a su trabajo de una espectacularidad que era lo que ese público lector demandaba y que pronto se iba a convertir en una constante en los tebeos de superhéroes. Y así hasta nuestros días, donde la evolución y los recursos utilizados por algunos autores nos siguen sorprendiendo.

Disfrutad de este viaje a un futuro que está a la vuelta de la esquina…

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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