Vaciando el cargador

"100 Balas Vol. VII y Vol. VIII", Brian Azzarello, Eduardo Risso (ECC Ediciones)

Cuando la reedición que ECC Ediciones -valga la redundancia- está llevando a cabo de la excepcional serie “100 Balas” afronta su recta final, uno no sabe si alegrarse por atesorar una vez más una saga así en unos tomos la mar de atractivos… o llorar por quedarse huérfanos de esa montaña rusa de sensaciones a la que te someten desde el principio y hasta el final el genio creativo de Brian Azzarello y Eduardo Risso.

Título indispensable para entender el noir en sus últimos años, así como verdadero revulsivo en el (mal)llamado cómic adulto, “100 Balas” supuso todo un acontecimiento durante los años de su publicación, allá por finales de los 90 y comienzo del nuevo siglo, al que se rindieron tanto público como la crítica. No en vano, la serie se alzó con varios Premios Eisner y Harvey, los más prestigiosos de la industria.

Alabada por colegas en su momento y aun reverenciada por muchos -la línea Vertigo donde vio la luz le debe mucho sin duda-, en sus (cómo no) 100 entregas Azzarello y Risso ofrecían un auténtico recital narrativo. Un relato gráfico impecable, con diálogos para enmarcar, que bebía de la serie negra clásica (de Dashiell Hammett a Jim Thompson) y no tan clásica (con James Ellroy a la cabeza), homenajeaba a mitos de las viñetas como Will Eisner o los también argentinos -como Risso- Carlos Sampayo y Jorge Muñoz (“Alack Sinner” resulta sin duda una de las fuentes de inspiración) y anticipaba filigranas y trucos de guión que cualquier lector puede descubrir en otros fenómenos de culto como “Perdidos”.

El sensacional puzzle diseñado con mano maestra por ambos autores alcanza en estos dos volúmenes la recta final de la saga, justo antes de llegar a su clímax, en un último volumen aun por publicar. Y menuda recta final. En el Tomo VII, que comprende los números 61-70 de la serie original, la violencia llega a niveles brutales, con un Lono -personaje de esos que se clavan en la memoria- poniendo a prueba todos sus recursos como arma de de destrucción masiva, y las diversas familias que integran el Trust embarcadas en una lucha fratricida de lo más coppoliana posible. Claro que mientras la trama principal avanza, con esa guerra entre milicianos cada vez más encarnizada, Azzarello regala diversos episodios y subtramas de ésas que tanto nos gustan, con personajes como Tino, el desgraciado botones cornudo envuelto en una refriega mafiosa y que buscando reivindicarse como hombre acabara con su virilidad por los suelos. Y no es una metáfora.

En el Tomo VIII, que comprende los números 71-80, y con un desenlace cada vez más cerca, Azzarello demuestra una vez más su maestría en la construcción de personajes y situaciones. Así, basta con conocer a dos de los protagonistas, los hermanos Remi y Ronnie, inmersos en un historia que haría las delicias del Scorsese de “Uno de los nuestros”, un cóctel de mafiosos de baja estofa, carnicerías italianas y relaciones familiares. Esa trama inicial sirve de contrapunto a otra historia de hermanos, un relato casi shakesperiano de traición y recelos en el seno de una de las familias del Trust, mucho más trágica que la anterior sin duda, y que deja paso al último movimiento de piezas entre milicianos comprometidos con el Trust y agentes huidos del mismo, en una ambientación digna de Tarantino en tierras mexicanas, antes de lo que se prevee como el combate final.

A punto pues de vaciar el cargador en una reedición digna de aplauso, “100 Balas” sigue enganchando como en la primera lectura, aquella que nos sedujo hace ya años, como si los años no pasaran por sus historias, sus personajes y su inmensa capacidad de seducción. Como todo un clásico.

 

 

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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