Ésta sí que es una Premier League

"The League of Extraordinary Gentlemen. Nemo: Las Rosas de Berlín", Alan Moore, Kevin O'Neill (Planeta Cómic)

El universo de los Hombres Extraordinarios sigue su curso, expandiendo sus horizontes en el espacio y en el tiempo. Si las primeras andanzas de la Capitán Nemo (sí, han leído bien, aquí tiempo ha que el inmortal personaje de Jules Verne cedió el testigo y la vara de mando a su hija, Janni Dakar), narradas por el tándem Moore / O’Neill en “Corazón de Hielo”, se situaban en 1925, en esta nueva entrega las aventuras pasan a 1941. Los albores de los años locos dejan paso, pues, a la Segunda Guerra Mundial.

Y todo se oscurece aun más en una historia, quizás demasiado lineal para lo que nos tiene acostumbrado el bardo barbudo de Northampton, que resulta aquí apenas una excusa para adentrarnos en una Alemania Tomania, remedo tenebroso pero también a ratos burdo, de la Alemania nazi. La ambientación, con un ojo en “Metrópolis” y otro en Murnau, es lo más acertado de una trama escueta: el rescate por parte de Janni y Broad Arrow Jack de su hija Hira y su amado Armand Robur de las garras de Adenoid Hynkel, trasunto caricaturesco de Hitler como ya lo fuera en los magistrales ademanes de Chaplin.

No es el único personaje conocido, en la fórmula habitual de pastiche pop tan al gusto de la serie, que asomará sus narices por las viñetas: ahí tenemos a dos mad doctors de armas tomar, Mabuse y Caligari; o una temible María, robot fundamental para entender la S/F en la Historia del Cine y aquí una arpía de cuidado.

Moore se divierte lo suyo revisitando lugares comunes y reviviendo personajes bigger than life, aunque tropieza en su afán por la literalidad, permitiéndose ciertas licencias cuanto menos embarazosas, como bastantes pasajes en el idioma teutón y sin traducción a pie de página. Su partenaire habitual, Kevin O’Neill, también se siente la mar de cómodo con una historia así, entre el folletín de aventuras y la ciencia ficción de cine expresionista, sueltísimo en los lápices con su tono entre el cartoon desmadrado, los superhéros más underground y el sense of wonder del maestro Jack Kirby. Atentos si no a esas splash pages con naves y arquitecturas imposibles, con la inmensa fábrica mecanizada cual pesadilla de Fritz Lang, o con batallas de lo más encarnizadas y sanguinolentas.

Un relato que se lee -y eso a pesar de las citadas parrafadas en alemán- en un santiamén y que mantiene el tipo en una saga que, a la chita callando, se ha convertido en mucho más que un mero pastiche pulp. ¡Deseando que llegue la siguiente entrega, señor Moore!

 

 

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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