Sin noticias de Dios

"Predicador Vol. VI, VII y VIII", Garth Ennis, Steve Dillon (ECC Ediciones)

ECC Ediciones afronta la recta final en su gloriosa reedición de un clásico moderno de las viñetas tan incontestable como “Predicador”. Tres volúmenes que vuelven a demostrar el brutal estado de gracia en el que se encontraban una pareja creativa en pluscuamperfecta sintonía: Garth Ennis, un guionista de lo más irreverente pero dotado de un ingenio exquisito para los diálogos y que dio rienda suelta en esta serie a sus filias y fobias de lo más pintorescas, y Steve Dillon, un dibujante que no puede negar su origen en cabeceras como “2000 AD” y cuyos lápices se calzaron como un guante para una trama que discurría entre la conspiranoia religiosa, el relato fantástico, la cruda violencia y la sátira desquiciada.

La historia de Jesse Custer, un predicador con un pasado tenebroso y un futuro incierto, poseído por una fuerza celestial y en busca continua de arreglar cuentas con el mismísimo Dios, servía a este agraciado team up para esbozar una radiografía acertadísima de la mitología yanqui, con especial querencia a la iconografía del western y las road movies.

Precisamente en el primero de estos volúmenes, subtitulado “Guerra bajo el sol”, el decorado donde se mueven los protagonistas no pueden ser más idóneo como referente icónico del western: Monument Valley. Allí asistiremos al duelo final con El Santo de los Asesinos, ese personaje que haría las delicias del Eastwood de “El jinete pálido” o “Sin perdón”, conoceremos más detalles sobre el pasado del siempre misterioso Starr y viviremos momentos de auténtico disloque a lo Ennis con el encuentro de este último y los hermanos Chunt, una panda de paletos caníbales, en una subtrama con momentos dignos de “Las colinas tienen ojos”, tan american gothic como le gusta al guionista irlandés.

De nuevo el western asoma su cabeza -¿o debiera decir su sombrero?- en el siguiente volumen, de título “Salvación”, y donde será Jesse quien se reencuentre con su pasado, en concreto con su añorada madre, en un relato ambientado en un pequeño pueblo y que sublima todos los clichés del justiciero solitario y taciturno de forma magistral. Casi un remake de “Raíces profundas”, con Jesse como un Shane versus el terrateniente malvado de turno, la historia ofrece un retrato de nuevo inspiradísimo (y van…) del espíritu 100% americano, ése de la tierra prometida e igual para todos. Sin medias tintas ni sentimentalismos baratos. En su continuo ajuste de cuentas con la historia reciente de EE.UU., en esta ocasión Ennis mezcla miembros del Ku Klux Klan, la frontera y hasta nazis encubiertos en un relato de timing impecable e instantes de lo más emocionantes.

Quizás el volumen menos inspirado de estos tres, el octavo titulado acertadamente -eso sí- como “Se acerca el infierno”, es tomado por Ennis y Dillon como mero pasaje al esperadísimo clímax final, aun por reeditar por ECC Ediciones. En él seremos testigos ¡por fin! del reencuentro entre los dos protagonistas, Jesse y Tulip, nacidos el uno para el otro, e indagaremos en el pasado sombrío de Cassady, tercer vértice de este triángulo y que sorprenderá a los lectores por la desnuda sordidez del relato. Entre medias, y preparando el asalto final, también conoceremos con mayor profundidad las guerras cainitas en el seno de la conspiración del Grial, y la convicción de Herr Starr de sustituir al legítimo pero lerdo heredero de Jesucristo por nuestro “Predicador”.

A punto de dar el cerrojazo a una de las mejores series paridas en el noveno arte en los últimos años, el bueno de Ennis nos deja mordiéndonos las uñas de impaciencia esperando la confrontación final entre Jesse y (¡ejem!) Dios y, cómo no podía ser menos, con ganas de más.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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