Anatomía de un asesino

"Haarmann. El carnicero de Hannover, un asesino en serie", Peer Meter, Isabel Kreitz (Ediciones La Cúpula)

En una ciudad cualquiera, viviendo junto al resto de habitantes de un edificio. Un miembro más de la comunidad. Una persona normal y corriente… ¿O no? Durante muchos años, sobre todo antes de la “revolución de internet”, la mayoría de los casos protagonizados por psicópatas se circunscribían al ámbito norteamericano. Un país enorme, con múltiples posibilidades para cambiar de residencia y hasta de identidad (recordad que en los USA no existe lo que en España conocemos como DNI…) hacían del continente norteamericano un perfecto tablero en el que los escalofriantes casos de asesinos den serie se podían catalogar (de hecho así se hizo) y comenzar a estudiar los diferentes perfiles: Robert Berdella, David Berkovitz, Ian Brady y Myra Hindley, Ted Bundy, Jerry Brudos… y así podría seguir hasta la extenuación. Padres de familia, policías, anticuarios… La mayoría tipos grises, que no destacaban en su comunidad y si lo hacían era para recibir los halagos de las personas que los conocían. Lobos con piel de cordero…

Pero volvamos al continente europeo y conozcamos una de las escalofriantes historias de uno de estos asesinos en serie, Fritz Haarmann. Un tipo fiestero, que se portaba muy bien con sus vecinos, vendiéndoles carne a precios muy económicos y que siempre que podía, conseguía algo de ropa en aquellos días tras la gran y terrible primera contienda bélica que sumió a Alemania, y la mayoría de sus habitantes, en la pobreza más absoluta. Haarmann es el típico personaje que surge del trapicheo, de ahí la gran consideración que de él tenían en su comunidad, y con ello me refiero también a uno de los principales protagonistas de esta macabra historia, el Cuerpo de Policía de Hannover, que a cambio de información le concedió al amigo Fritz una placa especial que le sirvió como carta de presentación para cometer sus horrendos crímenes. Y por más que las denuncias por comportamiento indecoroso y las quejas por las constantes fiestas iban llegando a la comisaría, los agentes a las órdenes del comisario Müller preferían mirar hacia otro lado y no darles la importancia que tenían.

Tras esta fachada de tipo divertido y comprometido con sus semejantes se escondía un depredador que con mentiras y bastante magnetismo atraía a sus víctimas, jovencitos, hacia su casa y allí, tras dar rienda suelta a sus más bajos instintos, los convertía en esa “carne” que vendía a precios tan económicos…

El dramaturgo y guionista Peer Meter y la ilustradora Isabel Kreitz nos cogen de la mano para ofrecernos un paseo por esta ciudad, Hannover, sus calles oscuras, sombrías y sus habitantes. Es más lo que se intuye que lo que nos muestran, pero os aseguro que en más de una ocasión vais a sentir un escalofrío que recorre vuestra espina dorsal. Con un estilo clásico y unos detallados lápices, Kreitz reconstruye visualmente los hechos que convirtieron al “caso Haarmann” en uno de los episodios más oscuros y amargos de la historia germana y Peer Meter se encarga de dar una estructura narrativa adecuada a unos sucesos en los que no sé qué fue más terrible, si los terribles crímenes que se descubrieron o la total y absoluta pasividad de la policía del lugar, que podría haberlos evitado…

Os confieso algo. Nunca volveré a mirar un bistec de la misma manera…

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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