El peso en la balanza

"Crónica de una primera visita a la Expocómic de Madrid"

Pues sí, desconocía por completo la idiosincrasia de este evento comiquero y como soy de los que piensan que para poder hablar de algo es necesario experimentarlo primero, organicé mi viaje a Madrid. Una vez que me aclaré con las líneas de Metro y trasbordos (al fin y al cabo soy un tipo de provincias…) llegué a la frondosa y húmeda Casa de Campo. Una empinada cuesta que pone a prueba tu resistencia física te conduce al enorme Pabellón de Cristal, que se levanta como un coloso en medio de tanta arboleda.

Una vez recogida mi acreditación, me dirijo al interior del recinto y, primer consejo, aunque vistáis el más protector de los chaquetones, llevad debajo ropa ligera. El cambio de temperatura al acceder es tremendo y os aseguro que goterones de sudor surcarán vuestra frente si no vestís una cómoda camiseta…

El lugar es amplio y espacioso. La organización es inteligente y distribuye los stands de editoriales junto a las tiendas, mezclándolo todo y así, obligando al paseante a cruzarse con su autor favorito o con lo último en merchandising. Pasados estos me encontré con el Artist Alley, donde un nutrido grupo de ilustradores, entre los que destacaba Claudio Castellini, intentaban vender sus ilustraciones. Desconozco si con más o menos fortuna, pero la verdad es que tampoco es que hubiera largas colas… No termino de ver implantado esta práctica born in the USA en nuestro país, donde llevamos años y años acostumbrados a que los ilustradores nos hagan un dibujo by the face.

Y hablando de ilustradores, autores en general. Pienso que ese ha sido el punto fuerte de esta Expocómic, donde se han conseguido reunir a más de cien representantes de este medio. Este año el evento estaba dedicado a la mujer en el cómic y por allí pasaron, y dejaron huella, Emma Ríos (que, muy merecidamente, se llevó uno de los premios bajo el brazo), Teresa Valero, Sara Pichelli… y muchas y muchos más. Sin duda lo mejor, poder cruzarte e incluso mantener una conversación con la gente a la admiras (la cafetería se convirtió en nexo y punto de encuentro para muchos de nosotros).

Eché de menos a muchas editoriales, pero imagino que su ausencia se debió a políticas internas de cada una de ellas…

De las exposiciones, destacaría la dedicada a Flash Gordon, con la variada visión del personaje que tuvieron Jordi Bernet, David Rubín y Ángel Unzueta, entre otros muchos…

Y como en algunos de estos eventos, hay que sacrificar una libra de carne y dar su espacio a esas hordas de chavales y chicas a los que los cómics les importa un pimiento pero, claro está, nos encontramos ante un evento con ánimo de lucro y seamos sinceros, la colorida chavalada son los que, a fin de cuentas, hacen que éste sea un salón que funcione en taquilla (parece que este año se han superado los treinta mil asistentes). Grupos de jóvenes disfrazados de sus personajes favoritos, algunos y algunas muy ligeritos de ropa, que desafían a las inclemencias del tiempo y se gastan el dinero no para conocer a los artistas que allí se reúnen, ni para ver las exposiciones, ni siquiera para comprar un llavero de Pikachu… Ellos solo quieren encontrarse, hacer ruido, dar empujones y vivir en ese mundo imaginario de gominolas y nubes de color rosa.

En fin, lo más positivo (para mí al menos) ha sido poder reencontrarme con viejos amigos del medio, conocer a algunos nuevos y disfrutar de un evento que lejos de ser perfecto en su planteamiento, creo que realiza un muy buen trabajo en lo que al Cómic se refiere. El resto me sobra.

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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