Me debes un beso

"No puedes besar a quien quieras", Sandrine Revel, Marzena Sowa (Ediciones La Cúpula)

Si a un joven de hoy en día le dijéramos, de pronto, que a partir de ese momento tenía totalmente prohibido hablar de ciertos temas con sus compañeros, expresarse con libertad y sobre todo, cuidar en extremo la distancia que mantenía con las chicas, seguro que nos miraría como si le habláramos en chino…

Polonia, años cuarenta. El joven Viktor, aprovechando la oscuridad del cine, intenta infructuosamente besar (castamente) a su compañera de clase, Agata. La marea de reproches que arrastrará el inocente hecho nos sumerge en una sociedad aislada por el yugo comunista, incapaz de alzar su voz y hacer algo tan, aparentemente normal, como leer un libro. Los personajes que rodean al chico serán protagonistas secundarios de este drama, ya que cada uno, a su manera sufre y oculta: La madre de la niña, que guarda la esperanza de que su marido regrese algún día al hogar. La profesora de Viktor, que con el disfraz de una clases particulares, esconde un secreto que por sí solo puede acarrearle una grave desgracia. El padre del chaval, poeta, revolucionario que debe tragarse sus opiniones si no quiere terminar en un gulag o peor aún, eliminado por la cruel garra stalinista.

Y todo ello narrado desde los inocentes ojos de varios niños, que no terminan de comprender lo que ocurre a su alrededor y solo tendrán una pequeña ventana a la que asomarse con el padre de Viktor, que es el único que logra sortear el miedo y transmitirles la verdad a su jóvenes “pupilos”, a través de un tebeo y de sus poemas, que esconden la verdad y el dolor de todo aquello que les es negado.

Y es que la ilustradora polaca Marzena Sowa conoce de sobras la historia de su país, los desaparecidos, ese terror que se podía casi tocar, en fin, la falta total y absoluta de libertad. Junto a ella, la guionista francesa Sandrine Revel, que sabe componer una historia que, partiendo de un hecho inocente, nos muestra la oscuridad que se cernió sobre el pueblo polaco durante muchos, demasiados, años. Aunque, en el caso particular de esta historia, al final haya un rescoldo para la esperanza. Dicen que no hay mal que mil años dure, ¿no?

Y todo por un beso…

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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