La Gran Obsesión

"Moby Dick, de Herman Melville", adaptado por Olivier Jouvray & Pierre Alary (Dibbuks)

Se trata de contar historias, ¿no? Pues bien, voy a narraros una brevemente: “Hace ya muchos años, un joven iba a hacer un largo viaje a Barcelona. Conocía la hora de salida, pero no la de llegada (los retrasos de varias horas eran marca de la casa…). Previsor como era y sobre todo, ávido lector, buscó en su montón de libros sin leer. Tenía varios, de diferentes temáticas y géneros (un buen amigo le había dicho, sabiamente, que nunca se quedara en un autor o tema, que leyera de todo) y le llamó la atención un grueso volumen que había comprado en una librería de segunda mano. Su lomo era verde y curiosamente, pese a ser un clásico de la literatura contemporánea, no se había sumergido en sus páginas. De su autor había leído una novelita llamada “Bartleby, el escribiente” que lo había dejado impresionado. Se decidió pues, tenía por delante muchas horas y había que mitigar el aburrimiento y la soledad de la mejor manera que conocía, abandonándose a las páginas de un libro. Y sí, el viaje duró no sé cuantas horas, el tren llegó con retraso a su destino. Pero nada de esto le importó al chaval que sólo escuchaba el viento que hinchaba las velas del ballenero Pequod, los gritos de los desesperados marineros, el tacto del salitre, el refulgir del sol en las afilados arpones…”

Volvamos a la realidad. Los autores franceses Olivier Jouvray y Pierre Alary (al que conocemos muy bien gracias a la publicación por parte de la editorial Dibbuks de su Simbad y Silas Corey) realizan una labor encomiable a la hora de adaptar la historia de un marinero, Ismael, que se convierte en testigo involuntario del infierno que se desata en el Pequod, causado por la locura, el afán de venganza de su capitán, Ahab. Un hombre que renuncia a su vida, a la de su tripulación, en pos de un solo objetivo, borrar de los mares a la gran ballena blanca. Un ser imposible, legendario, con el que juega al ratón y el gato hasta que, finalmente, se verán las caras.

Sin utilizar farragosos textos, Jouvray narra con fluidez y sus diálogos nos muestra a una galería de personajes inolvidables: Ismael, Ahab, el titán Queequeg, Starbuck… Todos ellos dibujados con maestría por un Pierre Alary que aquí nos muestra directamente sus lápices, prescindiendo de la tinta y, eso sí, contando con la impresionante paleta de colores que aporta a la historia el propio Alary y Didier Gonord.

Esta adaptación es el punto de partida perfecto para que los lectores satisfechos aborden la obra original, el libro que quedó en la memoria de aquel chico que viajaba en tren. Yo mismo.

 

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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