Hasta el infinito y más allá

"Libro de la fantasía", Gianni Rodari (Blackie Books)

¡Ay qué delicia! Como viene siendo habitual, Blackie Books reedita su catálogo en versiones más asequibles, pero no menos gustosas, y esta vez le ha tocado el turno a “Libro de la fantasía”, esa joya de Gianni Rodari que editara por primera vez (si la memoria no me juega una mala pasada) cercanas las Navidades de 2010. Coincidencia temporal entonces nada extraña, pues este volumen que recopila cinco títulos fundamentales del italiano -“Cuentos por teléfono”, “El planeta de los árboles de Navidad”, “Cuentos escritos a máquina”, “Érase dos veces el barón Lamberto” y “El juego de las cuatro esquinas”- es todo un regalo.

Gianni Rodari (1920-1980), periodista reconvertido en escritor infantil cuando en el diario en el que trabajaba se propuso lanzar una página dominical para niños y supieron que había sido profesor, se ha convertido gracias a su inmortal obra no solo en un ejemplar educador sino también en el máximo adalid de la imaginación al poder. Que desde los años 60 se dedicara a recorrer escuelas para contar historias a los más pequeños dice mucho de su afán en la educación. Que, por ejemplo, el primero de los libros aquí recopilados, “Cuentos por teléfono”, tenga como protagonista al señor Bianchi, un padre viajante de comercio que cada noche promete -y cumple- inventar y contar una historia a su hijo, nos habla de lo segundo. De su apuesta (vocacional, profesional, vital) por la imaginación.

Así, en esos “Cuentos por teléfono” (1962) encontraremos edificios construidos con helados, hombres de mantequilla, caminos de chocolate y la famosa lluvia de Piombino, donde caían confites grandes como el granizo. Conoceremos a Juan el distraído, un chaval que pierde orejas y brazos cuando no presta la suficiente atención. Y a la mujercita que contaba estornudos. Descubriremos animales increíbles, como el ratón que se comía a los gatos o el joven cangrejo que un buen día decidió caminar hacia adelante y no hacia atrás como sus semejantes. Viajaremos al País sin Punta, “en el que las esquinas de las casas eran redondas”, o al Planeta Mun, llamado también el planeta de la verdad, o a -mi preferido- el País con el “des” delante, con su desperchero donde todo está colgado y hay uno con ropa de invierno y otro con ropa de verano, y -también mi preferido- el descañón, que sirve para deshacer la guerra.

Pacifista a ultranza, Rodari no duda en poner punto y final al siguiente libro aquí comprendido, “El Planeta de los Árboles de Navidad” (también fechado en 1962), con el siguiente poema: “En este planeta / está severamente prohibido / hacer la guerra: / ni por tierra, / ni por mar, / ni tampoco bajo tierra. / Los transgresores serán agarrados por las orejas / y lanzados al espacio sin atender sus quejas”. Otro prodigio de inventiva, el relato contiene de nuevo fauna a la manera de Lewis Carroll (ojo a los archicanes, perros que giran su cola como hélices para volar) o personajes tan estupendos como ese robot doméstico al que le encanta hacer punto.

Siempre a base de textos tan breves como intensos, repletos a cada párrafo de excepcionales hallazgos -sean éstos narrativos o léxicos-, la imaginación de Rodari alcanza cotas de órdago en “Cuentos escritos a máquina” (1973), que contiene una serie de cuentos que aparecieron semanalmente en el diario Paese Sera. En ellos, el italiano no solo deslumbra de nuevo por su habilidad para hilvanar momentos y situaciones mágicas, sino también por su capacidad para reflexionar sobre una sociedad industrializada abocada al consumismo (ojo a “El motociclista enamorado”, sin ir más lejos) y anclada en la mediocridad de lo burgués.

“Érase dos veces el barón Lamberto, o los misterios de la isla de San Giulio” (1978), con su prosa desquiciada que casi podría firmar Boris Vian, y el tardío “El juego de las cuatro esquinas” (1980), de nuevo retomando el esquema que tan bien le funcionara al maestro de relatos breves autoconclusivos, ponen la coda final a un voluminoso repaso -¡más de 750 páginas!- a la simpar obra de un genio de la literatura, para grandes y pequeños. Como Sendak, como Dahl, Rodari no es un nombre indispensable en el género, también fue un visionario.

Justamente galardonado con el Premio Hans Christian Andersen en 1970, Gianni Rodari se revela en este “Libro de la fantasía” como ese profesor con el que siempre soñamos de pequeño, en todo momento presto a contarnos una historia que no solo nos haga sonreir, sino también nos haga pensar.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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