Angelus

"Seraphim", Mamoru Oshii y Satoshi Kon (Planeta DeAgostini)

Un futuro peligrosamente cercano, arrasado por una terrible epidemia que consume los cuerpos de los enfermos y en cuyas espaldas crecen unas alas de ¿ángel? Seraphim o enfermedad angelical es el nombre con el que la gente de a pie la bautiza. El equilibrio mundial se resquebraja, ya que son miles los afectados en la zona Euroasiática. La desesperación y la supervivencia hace que se inicien guerras, que agravan más, si cabe, la terrible situación.

Comienza una misión. Dos hombres, un perro (a los que conozcáis la obra de Oshii os va a sonar bastante…) y una niña son sus miembros: Melchor, Gaspar (científicos y miembros de la OMS), Baltasar (son sus alias) y la misteriosa Sera comienzan un camino que no va a estar exento de violencia y misterio. La propia naturaleza parece estar en contra de ellos. Enormes bandadas de pájaros parecen vigilar los cielos. Diferentes facciones armadas se sienten amenazadas por el curioso cuarteto.

Desconozco a quien se le ocurrió la genial (y arriesgada) idea de reunir a dos “monstruos” del tamaño de Mamoru Oshii (“Ghost in the Shell“, “Blood, the last vampire“…) y Satoshi Kon (“Perfect Blue“, “Paprika“…) pero debió tener en cuenta que juntar a dos creadores únicos, cada uno con su propio universo, de un medio como el anime, no iba a ser un camino de rosas. En el argumento de este manga se nota, y mucho, la mano de Oshii, tan aficionado a narrar historias enmarcadas en conflictos mundiales que incluyen el terrorismo, el problema de la inmigración, las fronteras… Y el toque de Satoshi Kon, mucho más proclive a lo fantástico, podría ser el origen de la enfermedad, el personaje de la niña Sera… En fin, desconozco los detalles, pero sí que hubo algún que otro tira y afloja con el tema de la autoría de la historia, así que al final se decidió que el argumento sería obra de Mamoru Oshii y toda la concepción gráfica de Kon. Pero como ya podréis suponer, diferencias irreconciliables en materia de historia y personajes hicieron que el proyecto se parara y retrasara una y otra vez, hasta que finalmente la trágica muerte de Kon la dejó en el limbo de lo inacabado.

Una auténtica pena, ya que la trama te atrapa desde el primer momento y las ilustraciones del prematuramente fallecido Kon están a la altura de una historia que podía haberse convertido en una gran saga, pero que quedó en el volumen que tenéis en vuestras manos. Su lectura es tremendamente adictiva hasta que, de pronto, te embarga una sensación agridulce. Justo cuando se inicia el final del periplo para los personajes termina el nuestro, el de los lectores.

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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