Viaje a los sueños polares

"Nemo. Corazón de Hielo", Alan Moore, Kevin O'Neill (Planeta DeAgostini)

Nueva entrega de la saga iniciada por el tándem Moore / O’Neill en 1999, este breve pero ameno relato titulado “Nemo. Corazón de Hielo” es más bien un paréntesis, casi un flashback (pues su acción se sitúa antes de lo ocurrido en las últimas entregas de esta curiosa y discontinua serie), y no un capítulo dispuesto a seguir un orden cronológico en la saga que conocemos como “The League of Extraordinary Gentlemen”.

Así, hasta su título juega al despiste: no es el Capitán Nemo, como pudiéramos esperar, su protagonista, sino su hija, Janni Dakar, a quien ya tuvimos el placer de conocer -y de qué manera- en el primer capítulo de “Century”, arco argumental de tres historias dentro de la serie-madre. En apenas 50 páginas, el guionista británico nos narra cómo la intrépida y fría Janni intenta emular la hazaña de su padre ya contada por Moore en “El Almanaque del Nuevo Viajero”: una expedición a la Antártida que guarda más de una conexión con “En las Montañas de la Locura” de H. P. Lovecraft.

Fiel a su habitual tónica de incluir guiños y referencias literarias -y más en una saga como ésta, protagonizada por héroes clave de la bibliografía aventurera (o por sus vástagos)-, Moore entrelaza aquí el espíritu sense of wonder de las obras de Jules Verne y Emilio Salgari con el horror lovecraftiano (a su vez deudor de Poe, del que también se percibe su presencia en el ambiente) y la iconografía de exploradores británicos míticos como Ernest Shackleton y Douglas Mawson. Aderezado con las gotitas de conspiranoia gubernamental tan propia de la serie y barnizado con ese aroma steampunk característico también del Moore más victoriano (con perdón de su obra maestra, “From Hell”), la historieta se lee con ávidez y sin ser, de lejos, el mejor trabajo del guionista, es una recomendable lectura para aficionados a la ciencia-ficción y el género de aventuras, y sobre todo a los fans acérrimos de “La Liga de los Hombres Extraordinarios”.

Mención aparte merece, una vez más, la brillante labor de Kevin O’Neill, compañero infatigable de Moore en esta odisea: el creador de “Marshall Law” da rienda suelta de nuevo a su ajustado tono entre el realismo y la caricatura, con momentos delirantes como ese breve paseo por Megapatagonia o cósmicamente terroríficos como los encuentros con los dioses a lo Cthulhu. Consciente quizás de la brevedad e intensidad del relato, el dibujante apuesta por insertar periódicamente splah-pages -ya comuniquen giros narrativos, cliffhangers o nuevos descubrimientos- que hacen avanzar la acción, puliendo lo atropellado de una narración que pide a gritos algo de calma.

Resumiendo, un trabajo a todas luces menor en la trayectoria de la pareja creativa, pero considerablemente divertido y altamente recomendable para completistas de una saga que, sin duda, seguirá deparando gratas sorpresas en el futuro.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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