Él es la justicia

"Colección Extra Superhéroes. Marvel Knights: Punisher". Garth Ennis, Steve Dillon (Panini Comics)

Allá por comienzos del año 2000, Joe Quesada, astuto editor de la línea Marvel Knights, surgida apenas un par de años antes en la Casa de las Ideas para relanzar personajes de perfil bajo como Daredevil o Black Panther, tuvo una brillante ocurrencia: traer a un par de autores por entonces a la alza, robándoselos de paso a la eterna rival DC, para que se entregaran en cuerpo y alma a la resurrección de “The Punisher”, uno de esos nombres Marvel caídos en desgracia. Ese matrimonio creativo bien avenido respondía a los nombres propios de Garth Ennis y Steve Dillon, guionista y dibujante respectivamente del exitoso y políticamente incorrecto “Predicador” en el sello Vertigo.

Bestias pardas como habían demostrado en el título citado, con un Ennis siempre propenso a la violencia desatada y temible burlón de los arquetipos superheróicos, y un Dillon que no hacía asco alguno a los momentos gore, la pareja se revelaba pluscuamperfecta para un personaje tan carismático y sí, tan bruto, como Frank Castle, alias el Casti.

En los doce números que se recopilan en este volumen único, el bardo irlandés pasó de puntillas por el espinoso tema de la inmediata vida anterior del Punisher como vengador mágico a las órdenes de un Cielo angelical (ríanse, amigos, pero de esa guisa lo habían dejado Christopher Golden, Tom Sniegoski y Bernie Wrightson en la risible saga previa), volviendo a apostar por un Castigador pegado al asfalto, más terrenal que nunca y todo lo, ejem, piadoso que se pueda esperar de alguien que desayuna matones y deja sitio para el postre.

Claro que Ennis y su compinche Dillon, un tipo increíblemente dotado para el cartoon disfrazado de tebeo de superhéroes y más proclive al slapstick que a las ensaladas habituales de tortas en este género, decidieron no quedarse en la enésima repetición del esquema a lo Charles Bronson y se lo tomaron a su manera: con mucho humor y no poca sorna. Y así, el reboot de “The Punisher” en la hasta entonces maltratada línea Marvel Knights se convirtió en una gozada: el via crucis de un Castle -en apenas 300 páginas es perseguido, asediado, apalizado y tiroteado- a la caza y captura de Ma Gnucci, iracunda mamma mafiosi que haría las delicias de Joe Pesci, se disfruta aun hoy, catorce años después, con la sonrisa puesta.

Como buena comedia muy negra (y no exenta, por supuestísimo, de hemoglobina a raudales), esta aventura gráfica en doce entregas presenta secundarios de aúpa: el detective Soap, tan loser como entrañable; ese arma de destrucción masiva apodado El Ruso; el vecindario del héroe, una fauna variopinta esbozada con escasos pero certeros trazos; los tres -a cada cual más dispar- vigilantes imitadores que da lugar a una subtrama delirante con algunos puntos en común con aquella añorada obra maestra titulada “Batman: The Dark Night Returns”, ésa de cuando Miller era un tío sobrio…

No obstante, también hay momentos para explorar la ternura -esa relación nacida del desamparo con su vecina Joan- o la psicología del antihéroe -ojo a su enfrentamiento con Daredevil-, pero son los menos en una historieta narrada a ritmo de gatillo (fácil) y que demuestra una vez más que en caso de un nuevo intento de trasladar las aventuras del Casti a la gran pantalla -sin desmerecer la reivindicable “Punisher: War Zone” de Lexi Alexander- algún pez gordo de Hollywood debiera apostar por Mr. Guy “Rocknrolla” Ritchie. Taquilla y carcajadas aseguradas.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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