Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?

"El accidente del teletransporte", Ned Beauman (Alba)

Habrá quien vea en la segunda novela del casi bisoño Ned Beauman -ojo, incluido el pasado año en la lista de los 20 jóvenes escritores elaborada por Granta- una juguetona vuelta de tuerca a la novela histórica disfrazada de screwball comedy. No irá desencaminado, no: “El accidente del teletransporte” salta con desparpajo y eficacia de la Alemania de Weimar al París de la generación perdida (ése que retrató también recientemente en otro alarde de comedia clásica y ci-fi de andar por casa Woody Allen en “Midnight in Paris”), pasando por laboratorios de Los Ángeles, provocando tanto asombro como carcajadas. ¿Posible? Con un título así, todo lo es, ¿no creen?

Su protagonista, el escenógrafo berlinés Egon Loeser (otro de los aciertos de Beauman es siempre su agudísimo ingenio para bautizar personajes), no solo está obsesionado con crear un aparato capaz de mover a los actores de un lado a otro siguiendo las ideas de un oscuro inventor de dos siglos atrás. También lo está con su pupila, una Adele Hitler -el apellido da para varias bromas, claro- que se ha pasado por la piedra a todo Berlín salvo a nuestro (anti)héroe y convertida cómo no en el anhelo perenne de sus fogosos deseos sexuales.

Las tribulaciones de Loeser y sus viajes de acá para allá en pos de su entrepierna le llevan a alternar con personajes reales -a la manera de aquella otra deliciosa novela de Michael Chabon, “Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay”- tan reconocibles ¡y tan singulares! como Bertolt Brecht, H. P. Lovecraft o Sartre, por citar solo unos cuantos nombres. Pero tan delirantes cameos no solo sirven como acertado contexto histórico a las andanzas de Loeser, también convierten la lectura de “El accidente del teletransporte” en una divertísima mirada a la trastienda de la Historia y el Arte, así con mayúsculas.

Dispuesto a ser considerado pese a lo escueto de su obra literaria ya como todo un autor, Beauman retoma aquí elementos de su anterior novela, la no menos aplaudida “Boxer, Beetle” -ahí están de de nuevo la (alargada) sombra de Hitler, algún científico de lo más extraño o esa afición por los libros extraños- pero asume mayores riesgos narrativos, entrega más de un personaje memorable con nombres no menos memorables (si Billy Wilder aun estuviera entre nosotros, contrataría sus servicios como guionista) y confirma un talento más que notable para facturar pastiches literarios sin que se noten las costuras.

Comparada -y con razón- con Douglas Adams y su onolvidable “Guía del Autoestopista Galáctico”, en “El accidente del teletransporte” hay ciencia ficción, lecciones de Historia, diálogos brillantes, grandes cogorzas y sexo, claro. Un cóctel más que explosivo para no tener miedo a pulsar el on. Donde quiera que nos lleve el bendito artefacto.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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