Las tripas de la ciudad

"Alta tensión", Alfredo Pons (Ediciones La Cúpula)

En este volumen se reúne parte de la obra del autor barcelonés, que fue uno de los pilares fundamentales que levantaron aquel El Víbora primigenio, en los ya lejanos años ochenta, donde una serie de creadores, dibujantes, amantes de la viñeta en su faceta más extrema (aquí nació la “línea chunga”, que fue como se bautizó al underground español) se reunieron para crear algo nuevo, provocador: Gallardo, Martí, Onliyú, Nazario

Pero Alfredo Pons tenía un estilo muy particular, y no me refiero al dibujo, del que podríamos decir que parte del mismo río que el del simpar Nazario. Un gusto acentuado por el detalle, el blanco y negro en la mayoría de las historias y una especial predilección por el dibujo de señoritas curvilíneas. Argumentalmente, los cómics de Pons eran puro material de género negro castizo. Nos sitúa en la mayoría de las ocasiones en una Barcelona que trata de sobrevivir a la transición política. Después de muchos años de clandestinidad, el lumpen surge como la espuma de una botella de champán (en este caso, cava) recién abierta. Los protagonistas de sus historias son femmes fatales que trabajan en clubs de striptease (el Tabú recuerda muchísimo a uno que aún hoy sigue abriendo sus puertas…), empresarios chulescos, manguis de baja estofa, policías postfranquistas corruptos, militares que aún se creen con el poder en sus manos… Una galería real como al vida misma, entre los que destaca la protagonista de muchas de las historias contenidas en este tomo, María Lanuit: Rubia, exuberante, cínica, drogadicta… En su retrato se reúnen las características de una época de desfase emocional y físico, que a más de uno el costó la vida (el propio Pons falleció de forma prematura en el año 2002)

A medida que pasa el tiempo, las historias del autor se van haciendo más grises, amargas, tal vez un reflejo de su propio momento personal, pero también más incisivas. En “Naturaleza viva” adapta genialmente un texto de Hal Dresner (al igual que lo hace también con Bukowski o Robert Bloch) y lo que parece una fútil conversación termina con una terrible tragedia. Pons va dejando en el camino lastre y las escenas de sexo y desnudos gratuitos van dejando paso a historias con mucho más peso. Una perfecta muestra de esto es la genial “Dos camareros y seis clientes (otro bar)” donde con una narración coral nos muestra a un grupo de personajes atrapados en un bar, hasta que se desencadena la violencia. En “Todos los bares” despliega una oscura y desesperada poesía para describir esos lugares donde pasó muchas horas de su vida, y es que además de un buen dibujante, Pons se rebela en estas páginas como un muy buen escritor, con textos que acompañan, complementan a la perfección, creándose una unidad que, a veces, resulta hipnótica.

Al igual que escritores como Vázquez Montalbán y Andreu Martín, Alfredo Pons fue cronista del lado oscuro de una ciudad, Barcelona, y podemos regresar de su mano a aquellos tiempos en las historias de “Alta tensión”.

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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