A Stan rogando y con el mazo dando

"Marvel Héroes. El Poderoso Thor Vol. 1". Walter Simonson, Sal Buscema (Panini Comics)

Aunque Walter Simonson ya había flirteado con el dios nórdico de Marvel allá a finales de los 70, cuando recién aterrizado en la Casa de las Ideas se hizo cargo de los lápices entre los números 260 y 271 de “The Mighty Thor” y también del Annual #7, no sería hasta 1983 que el futuro creador de “Star Slammers” y uno de las mentes más imaginativas del cómic yanqui le hincara el diente a la serie como deseaba.

Su paso por “The Mighty Thor” desde el número 337, publicado en noviembre de 1983, duró la friolera de, agárrense, casi cincuenta números. Un período intenso y continuado donde poder desarrollar personajes y ambientes a su gusto, aplicando además los conocimientos -y la querencia- que atesoraba desde muy joven de la mitología nórdica.

Ya lo avisa Simonson en el prólogo que él mismo firma al principio de este volumen, primero de los dos en los que Panini Comics recupera la etapa del autor al frente de la serie: “Siempre me habían gustado mucho las historias de los mitos nórdicos, repletas de dioses salvajes y trágicos destinos”. Toda una declaración de intenciones. Explorando Asgard más que ningún autor hubiera hecho desde los tiempos de sus admirados Stan Lee y Jack Kirby, Simonson devolvió a Thor la magia. Así de simple.

Con apariciones de personajes tan singulares como Bill Rayos Beta, ese alienígena de rostro aterrador pero tan noble como para poder ser portador de Mjolnir, o el diábolico Surtur y su fijación por desatar el Ragnarok, el apocalipsis para aquellos que incluso se sienten eternos como son los dioses. Bastan creaciones así para impulsar una serie de aventuras con sabor a clásico donde pareció no haber límites, mezclando con increíble acierto el sense of wonder de los comics de la Edad de Oro con la majestuosidad de los dramas wagnerianos.

Conviene destacar además el excelente estado de forma, no ya creativa, sino como dibujante, de Walter Simonson. Con 37 años, ya no era el bisoño debutante en las filas de DC Comics, donde realizara sus primeros trabajos (“Weird War Tales”, “Manhunter”), ni el culo inquieto que había pasado de implicarse en la adaptación de la película “Alien” a probar suerte con personajes como Hulk, los X-Men o los Nuevos Titanes en diferentes cabeceras.

En su prolongado paso por “The Mighty Thor” Simonson pudo comprobar en primera persona las posibilidades que la continuidad al frente de un mismo superhéroe y una misma serie ofrecía a un autor completo en plena ocasión como él. Sin temor alguno a experimentar sin epatar, con un apego descomunal a las onomatopeyas de intención gráfica en las (múltiples) secuencias de acción y con un sentido endiablado del ritmo que ya quisiera más de un director de cine, Simonson entregó una delicia suprema para los devoradores de tebeos, compartiendo laureles con colegas como John Romita Jr. (enfrascado en esos mismos años en “The Uncanny X-Men” y anticipándose en trazos y resultados a futuros revitalizadores del género y el universo marveliano como Jim Lee.

Un Simonson cada vez más crecido como autor -recuerden que años más tarde, y a partir también de un mismo número que parece traerle suerte, el 337, el guionista y dibujante se pondría al frente de otros grandes de la Marvel, “Los 4 Fantásticos”, con igual inventiva y similar éxito- se permitía licencias tales como aniquilar a las bravas la identidad humana de Thor, ese doctor llamado Donald Blake, o convertir al mismísimo protagonista ¡en una rana! por obra de su queridísimo hermano Loki, hechizo que veremos y disfrutaremos en el segundo volumen.

Porque el humor, pero un humor sano, para nada cínico ni autorreferencial, es otro de los básicos ingredientes de unas viñetas que se leen con el mismo placer que hace ya, ¡dioses cómo pasa el tiempo para un humano!, treinta años. Claro que esa es la gran virtud de las obras maestras, ¿no?

 

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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