Cuando los superhéroes se pusieron serios

"La Imposible Patrulla-X. Dios ama, el hombre mata". Chris Claremont, Brent Anderson (Panini Comics)

Ahora que esa revisión cinematográfica de “Días del futuro pasado” -para el abajo firmante una de las mejores sagas clásicas del Universo Muti, junto a otra no menos mítica, la del Nido- está al caer de la mano de Bryan Singer y compañía, Panini Comics acierta de pleno en rescatar otra historia de La Patrulla-X con sabor a clásico: “Dios ama, el hombre mata”. A la sazón, la primera novela gráfica de los X-Men y tan solo quinta, ojo, de Marvel en el momento de su publicación.

Corría el año 1982, aquí en España teníamos nuestro Mundial y a Naranjito, pero en los States, como bien recuerda el propio guionista Chris Claremont en el prólogo que acompaña esta edición, “Ronald Reagan era el presidente (…) y una ola de conservadurismo creativo barría la nación”. En el mundo real se palpaba ese ambiente patriótico con olor a rancio que haría de Rambo todo un héroe nacional, pero en el mundo del papel, ése de las viñetas, se respiraban nuevos aires: se exploraban formatos hasta entonces impensables, se derribaban viejos tabúes en tramas y hasta en los despachos y se podía intuir que la industria del noveno arte estaba a punto de explosionar tanto comercial como creativamente, algo que también apunta el agudo Claremont en su prólogo.

Liberado de la obligación de idear una historia esclava de fechas de entrega y que podría ir más allá de las 22 páginas de turno, Claremont aprovechó el nuevo concepto de novela gráfica para crear esta narración que, a través de unos tíos en mallas, hablaba de temas profundos y debates espinosos: la manipulación de los medios, las políticas reaccionarias, la religión malentendida, el racismo… y sobre todo el temor al otro, al diferente.

La figura del mutante, pues, como metáfora y continuación de todo aquel colectivo perseguido en la Historia por alguna u otra razón, fuera política, social o religiosa. Basta leer el arranque, con el asesinato cruel de dos niños mutantes a manos de los purificadores (o la SS en clave muti) para darse cuenta que el guionista no se amedró y se tiró al barro sin temor de lo políticamente correcto. ¡¿Dos tiernos niños ejecutados sin piedad nada más comenzar la historia?! ¡¿Pero esto no era un cómic de superhéroes?!

Claro que estamos ante un tebeo. Y de Marvel, oiga. Así que Claremont, en compañía de un aplicado Brent Anderson dispuesto a hacer olvidar -y eso era un reto de dos pares- al dibujante inicialmente previsto, el gigante Neal Adams (que tan solo dibujó seis páginas, incluidas como extra en este volumen), dio también lo que todo lector esparaba: espectáculo. En “Dios ama, el hombre mata” hay peleas, mamporros, villanos de altura -ese Stryker siempre con una cita de la Biblia en los labios- y personajes carismáticos soltando frases de cine. Lobezno, amigos, está aquí en plena forma…

A pesar de ser, como buena novela gráfica, una historia autoconclusiva, Claremont inicia aquí futuras tramas secundarias -con la persecución muti a la cabeza- y mantiene otras ya apuntadas, incluyendo el folletín romántico de turno: ¿recuerdan a la adolescente Kitty Pride prendada hasta los huesos de Coloso?. Todo narrado con brío y con una moralina de manual, pero eso sí, barnizada de una oscuridad y cierto fatalismo del que pillarían buena nota en años venideros tanto otros guionistas de dentro y fuera de la Casa de las Ideas como futuros adaptadores de las viñetas a la gran pantalla, con Christopher Nolan a la cabeza.

Un clásico, pues, cuya historia desgraciadamente no ha perdido un ápice de contemporaneidad.

 

 

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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