Aquellos maravillosos sofás

"Una más en la familia. Años 80: Me encanta que los planes salgan bien", Javier y Enrique Matesanz (Dolmen Editorial)

Marrón, rojo, azul… Mi infancia y parte de la adolescencia transcurrieron sobre los mullidos cojines de varios sofás. Y frente a ellos, el televisor. Como si se tratara del protagonista de “Sigue soñando” (“Dream on“), me pasé horas y horas viendo todo lo que aquella caja me ofrecía, desde lo casposo a lo más sublime. Uno ya va teniendo una edad y un camino, catódico, recorrido, así que la publicación de este segundo volumen por parte de Dolmen es un viaje en el tiempo, a esos tiempos en lo que todo era más sencillo. Volvías del cole y después de hacer la tarea (nuestros padres no pretendían estresarnos, como los de hoy en día, apuntándonos a una y mil actividades extraescolares…) con un caliente vaso de Cola Cao en la mano y un chusco de pan tostado en el fuego de la cocina, untado de foei gras, te sentías el Rey del Mundo.

También eran otros tiempos porque, además de sólo haber un par de canales (en poco tiempo llegarían las privadas y de una forma u otra, se rompería la magia) el criterio de los programadores era maravilloso: tras el Telediario no teníamos que sufrir interminables programas del corazón, donde palurdas princesas de hojalata gritan, mientras miles de zombis compran el libro de su ¿autobiografía? No amigos, podíamos disfrutar de las aventuras del chuleta Michael Knight, que con su fiel KITT deshacía uno y mil entuertos (con los años, la imagen que todos tenemos de David Hasselhoff tiene mucho que ver con una hamburguesa…) o el divertidísimo pastiche a lo Indiana Jones que fueron “Los Cuentos del Mono de Oro”, creada por un genio de la televisión como es Donald P. Bellisario.

¿Y los fines de semana? Ohhh, contábamos las horas que faltaban para que la malvada (pero atractiva) Diana volviera, con sus maquiavélicos planes y su dieta a base de roedores. Y esos domingos en los que, de la mano de Michael Landon, recorríamos, entre lágrimas, la interminable “Autopista hacia el Cielo”

Y lo curioso e inusual, ahora que lo pienso, era que, por la noche, en esa franja horaria prohibida para los peques, me escabullía de la cama y medio agazapado tras la puerta de mi dormitorio, pedía a mis padres que por favor me dejaran ver con ellos las series nocturnas. Entonces descubrí aquellos “Grandes relatos”: la historia de un pobre esclavo, el enfrentamiento entre el Norte y el Sur norteamericanos… Historias en las que ya pude atisbar besos, caricias y alguna que otra escena subida de tono, por la que mi madre me mandaba de nuevo bajo las sábanas…

Este volumen escrito por los hermanos Matesanz es una visión perfecta, nostálgica, a una época en la que la televisión, y sus series, eran otra cosa: culebrones, aventureros, niños insoportables, familias de foto…

Y ahora que lo pienso, el sofá es otro pero yo sigo viendo series, muchas series de televisión. Las cosas no han cambiado tanto.

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


Un comentario

  1. Enrique Matesanz dice:

    Gracias por este bonito post! “Cualquier tiempo pasado nos parece mejor”, pero a mi también me parece que aquellos fueron realmente unos maravillosos años. Salud!

    Responder

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