La Bella y La Bestia 2.0

"Fashion Beast". Alan Moore, Malcolm McLaren, Antony Johnston, Facundo Percio, Hernán Cabrera (Panini Comics)

¿El mánager de los Sex Pistols y el autor de “Watchmen” juntos y revueltos? Pues sí, para asombro de nuestras pupilas y regocijo de nuestras seseras. La historia de cómo se unieron dos personalidades tan singulares daría para otra serie limitada: la rocambolesca narración arrancaría hace unos treinta años, con Margaret Thatcher como reina malvada y nuestros dos supertalentos coincidiendo en el espacio-tiempo. Que uno, el tipo cerebral que urdió un fenómeno tan generacional como el punk, buscara a otro, el guionista más ingenioso de las Islas, estaba cantado. McLaren, siempre un paso por delante de las vanguardias (es curioso cuanto menos cómo Alan Moore recuerda en el prólogo que, en su segundo encuentro, éste le habló de estar apadrinando a unos chicos que hacían música con consolas Atari… ¡toma visionario, Meneo!), soñaba en esos momentos con plasmar en celuloide algunas de sus ideas y hacer tambalear los cimientos de la industria del cine con argumentos imposibles, S/F contestataria y surrealismo a chorros.

De las ideas propuestas a Moore por McLaren para enrolarle como guionista, la que más le atrajo fue esta “Fashion Beast”, una narración entre el steampunk y lo neogótico, con ecos de Terry Gilliam, George Orwell y Lewis Carroll, que revisaba el cuento de la Bella y la Bestia entre pasarelas de moda futurista y con no pocas gotas del maestro Cocteau.

Que un mashup tan desquiciado siguiera una línea argumental coherente era el mayor reto de Moore ante la página en blanco. Habituarse a los cánones de un guión cinematográfico, terreno sin visitar por el británico aun, era el otro gran desafío que hizo que se lanzara a la aventura sin pensárselo dos veces. Claro que -recuerden que por ahí estaba la pérfida Thatcher- eran malos tiempos para la lírica, y levantar un proyecto así hasta hacerlo realidad filmada, era otra utopía digna del mejor autor de ciencia ficción. Así que el guión, acabado para más inri en tiempo record para tratarse de un neófito en esas lides, se guardó en un cajón, durmiendo el sueño de los injustos… hasta que en 2003, William Christensen, el avispado editor de Avatar Press, les propuso a McLaren y Moore recuperar el texto y convertirlo en viñetas y no en secuencias.

Desgraciadamente, McLaren falleció antes de ver -y disfrutar- el resultado, que sin duda haría las delicias de una mente educada en la moda y que hizo de lo fashion un modo de vida. Publicada originalmente en diez entregas, recopiladas más tarde en un único tomo tal y como llega ahora a nuestro país de la mano de Panini Comics, “Fashion Beast” juega con referentes por todos conocidos -a los ya citados, habría que incluir los guiños a un mito de la moda como Christian Dior- para construir un relato a ratos inquietante, a ratos melancólico, siempre oscuro, que funciona como espejo deformante de la cultura chic y como sombría metáfora de un mundo dividido (cada vez más) entre ricos y pobres, entre guapos y feos, entre lo in y lo out.

A pesar de que la historia original se nos presente por un lado adaptada con la ayuda de Antony Johnston (autor de “Wasteland” y colaborador habitual de Moore) y por lo tanto no sea obra completa del maestro, y por otro lado se intuya en su tratamiento el peso de una narración pensada en un prinicipio en lenguaje cinematográfico, “Fashion Beast” tiene momentos 100% Moore. Así, la relación entre la protagonista, esa andrógina Muñeca y su mentor, el genio de las pasarelas Celestine, recuerda poderosamente a los inspirados diálogos entre V y Evey, los añorados protagonistas de “V de Vendetta”; y el clima opresor y paranoico que se respira en el cómic no difiere demasiado de la dictadura orwelliana descrita en aquél título o del ambiente al borde de la III Guerra Mundial que flotaba en todo momento en “Watchmen”. Para más inri, el propio Moore ha hecho de la relectura de cuentos clásicos otra de las constantes de su obra, tal y como podría comprobarse en “Lost Girls” -donde Alicia, Dorothy y Wendy demostraban estar bastante creciditas, en todos los sentidos- o en su ya mítico arco argumental para “La Cosa del Pantano”, el indispensable “American Gothic”. Otra de las filias confesadas de Moore, su pasión por la magia, también aparece como uno de los detalles fundamentales de la obra, pues Celestine no deja de revelarse como un demiurgo que impulsa la historia a su antojo, aconsejado además en todo momento por sus cartas del Tarot.

Los lápices de Facundo Percio, rendido admirador de su compatriota Horacio Altuna y del no menos insigne Milo Manara (y al que debemos unas curvas enfundadas en látex tan atractivas como la “Anna Mercury” de Warren Ellis), se revelan como los más indicados para una historia que bascula entre la S/F de denuncia social y la revisión 2.0 de los clásicos de Perrault. El color del también argentino Hernán Cabrera, capaz de saltar de lo cálido a lo ténebre en apenas dos tonalidades, también ayuda y mucho a plasmar ese reverso oscuro de fairy tale que domina la narración de principio a fin.

En resumidas cuentas, “Fashion Beast” no solo es el afortunado vástago de un matrimonio creativo casual y bien avenido, el de McLaren y Moore, sino también un pastiche que ajusta con soltura su traje de oropel fantastique a un corpus de cuento de hadas, sin que se aprecien demasiado las estrecheces del corsé.

 

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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