El mejor en su trabajo

"Marvel Héroes: Lobezno". Larry Hama, Marc Silvestri (Panini Comics)

Allá por septiembre de 1990 Larry Hama, un guionista conocido hasta el momento por su larguísima labor al frente de “G. I. Joe”, un título a todas luces invisible para ese fandom interesado solo en mutis y tíos en mallas, se ponía al frente de una serie que parecía abocada a ser un eslabón más en la máquina de exprimir la factoría X (de Patrulla, nada que ver con el porno, oiga): “Wolverine”. O Lobezno, para entendernos.

Claro que Lobezno en esta serie, nacida dos años antes para ofrecer aventuras en solitario del muti más popular de todos, se hacía llamar, ejem, Parche, y disfrutaba de un anonimato no exento de problemas en el Pacífico, concretamente en Madripur, una isla hasta los topes de malhechores de baja estofa, contrabandistas y demás gente de mal vivir. Hasta que Hama entró en escena, Logan / Lobezno / Parche parecía un trasunto hipervitaminado del Rick de “Casablanca”, o un remedo con garras -que además intentaba no mostrar demasiado- de aquel piloto protagonista de “Los Cuentos del Mono de Oro” (¿alguien se acuerda de aquella gran serie de sobremesa? ¡Parece que Chris Claremont era fan!). Con Hama la cosa cambió. Y cómo.

Si bien en los primeros números se dedicó a explotar con arte y salero los encantos que Madripur ofrecía -fíjense si no en el primer número, dedicado de principio a fin a una pelea de bar, algo que haría las delicias de John Milius- muy pronto Hama comenzó a explorar en el pasado de Lobezno. Y no solo entroncando directamente con “Arma-X”, la miniserie escrita y dibujada por el gran Barry Smith que por fin resolvía el misterio del adamantium del héroe canadiense, sino adentrándose más allá, con saltos espacio temporales que llevaban a su protagonista a la mismísima Guerra Civil española, codeándose con Hemingway -sí, lo han leído bien- en un pastiche tan desquiciado como encantador.

A sabiendas de la libertad que le otorgaba una serie a punto de echar el cierre, o ése era el rumor del momento, y decidido -como nuestro amigo muti- a ser el mejor en su trabajo, Hama echó los restos en un serial continuo repletísimo de adrenalina, lleno de cliffhangers no por imposibles menos divertidos, recorriendo diferentes escenarios -Canadá, Italia, Japón… – con apariciones de Dama Mortal, El Samurai de Plata, Los Cosechadores, Dientes de Sable… o la mismísima Patrulla – X. Y enfrentando a Lobezno no solo con enemigos mortales sino también con la mayor tragedia personal que hubiera podido soñar.

Claro que la labor de Hama, más que elogiable, no habría tenido el mismo impacto sin un compañero a los lápices como Marc Silvestri, ese golden boy de la Marvel noventera, que venía de reinar en “The Uncanny X-Men” y explotó su talento al máximo en las viñetas de este “Wolverine”, con su trazo crispado, a caballo entre Jim Lee y Mike Mignola, pluscuamperfecto para retratar la naturaleza indómita del superhéroe mutante y la ferocidad de sus habituales enfrentamientos. Pocas veces verán un Lobezno tan salvaje, tan animal… tan Lobezno al fin y al cabo.

Tras la friolera de veinticinco números juntos, los que contiene este jugosísimo volumen editado por Panini Comics en nuestro país, Silvestri dijo adiós a Hama para embarcarse en su propia editorial, Image. Hama continuaría cinco años más al frente de “Wolverine”, pero claro, ésa es otra historia.

 

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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