Bienvenidos a la dimensión desconocida

"The Twilight Zone" - Temporada 2 (L'Atelier 13 - Vintage Serie)

Aun recuerdo cómo palpitaba mi corazón cuando supe que L’Atelier 13, esa distribuidora de tesoros de la S/F, el terror y lo bizarro tan querida por mis entretelas, anunciaba a bombo y platillo herrmanniano -cómo no- el lanzamiento de la primera temporada de “The Twilight Zone”. ¡Por fin alguien se lanzaba en nuestro país con “La dimensión desconocida”! Resultaba fácil de imaginar una legión de fans de Rod Serling asaltando las estanterías de los FNACs, tras tantos y tantos años de espera…

Aun sin saber que cota de éxito habrá alcanzado tal proeza de buen samaritano en cuanto a ventas se refiere, que nos llegue ahora la segunda temporada es sinónimo de buena esperanza… ¡ay omaíta cómo esto siga adelante! Servidor, que tenía descargados con paciencia infinita los capítulos que pululaban por la red, con sus panchisubtítulos y todo… y ahora puede soñar despierto con tener en una estupenda colección de dvds -con sus portaditas, sus libretos, su canesú…- la serie más mítica de la Historia de la Televisión (con permiso de Tony Soprano).

Pero vayamos a este lanzamiento de la segunda temporada, que es lo que nos ocupa: 29 capítulos en 5 dvds y un solo y exquisito pack que harán las delicias de todo coleccionista de joyas catódicas. Directores como Buzz Kulik (reputado artesano de las tv movies, pero conocido por haber sido el último en dirigir a un astro como Steve McQueen en “Cazador a sueldo”), John Brahm (firmante de grandes títulos de tintes victorianos en blanco y negro como “The Lodger” o “Hangover Square”, y una de las firmas más habituales en los créditos de la serie de Serling) o Boris Sagal (que con los años se atrevería a adaptar a Richard Matheson, también implicado aquí en la serie, en la cult movie “The Omega Man”, precedente hestoniano del Will Smith de “Soy leyenda”) respondieron con pericia a un drástico recorte de presupuesto respecto a la temporada anterior, debido a un cambio de patrocinador, y entregaron a la audiencia -y a la posteridad- casi una treintena de pequeñas obras maestras.

Vueltas de tuerca a los cuentos de siempre -fíjense si no en “The man in the bottle”, con su genio y sus cuatro deseos-, viajes en el tiempo para todos los gustos (“The trouble with Templeton”, “Back there”, “The Odyssey of the Flight 33″), dispares encuentros en la tercera fase (“Mr. Dingle, the strong”, “Will the real martian please stand up?”, “The invaders”), relatos distópicos no exentos de moralina (“The obsolete man”), artefactos para volverse loco de atar (“A thing about machines”, “Nick of time”, “A most unusual camera”)… y la condición humana, esa gran incógnita (“Nervous man in a four dollar room”, “The howling man”, “The silence”…), eje central a la larga sobre el que Serling edificaría su discurso narrativo.

Tan fácil de digerir como un buen daiquiri y tan rico en matices como una cena en El Bulli, el menú de esta segunda temporada es un continuo deleite, y la prueba irrefutable que el ingenio suple con creces cualquier falta de presupuesto. Germen de futuros maestros -en esta segunda temporada, cualquier ojo sagaz encontrará tramas, secuencias, soluciones luego explotadas por nombres tan celebrados como Steven Spielberg, Wes Craven, James Wan, Chris Carter, J. J. Abrams o Christopher Nolan- estos episodios de “The Twilight Zone” siguen sorprendiendo más de 50 años después de su primer pase televisivo.

A estas 29 historias tan increíbles se suman, como extras, un episodio de la serie “Suspense” escrito por Rod Serling, “Nightmare at Ground Zero”, y otro de la serie “Thriller” adaptado por Matheson, “The Return of Andrew Bentley”. Añadan un libreto de unas 50 páginas donde además de conocer los entresijos de la producción de esta esplendorosa segunda temporada se analizan detalles de interés como la música de Bernard Herrmann o la relación del citado Matheson con el cine y la televisión, y… ¿qué más se le puede pedir a L’Atelier 13?

Solo una cosa: continuen con la serie, por favor. Ya no imaginamos un mundo sin “La dimensión desconocida”.

 

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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