Mosaico Brown

"El hombrecito". Chester Brown (Ediciones La Cúpula)

Este grueso tomo nos ofrece una antología de historias cortas seleccionadas por el propio autor canadiense que abarca las realizadas entre los años 80 y 95. Nos encontramos aquí con una muestra perfecta de lo que Chester Brown ha llegado a ser como creador de tebeos, pero también se delinea un claro perfil de su, por llamarla de alguna forma, curiosa personalidad. Apodado por sus amigos Seth y Joe Matt (figuras del cómic independiente, al igual que el propio Brown) “El Robot”, el autor es una persona tímida, introvertida, fría en sus relaciones (os remito a la lectura de su obra más polémica “Pagando por ello”) pero que en sus historias se desnuda completamente, narrándonos hechos acaecidos en su infancia y juventud que marcarían su personalidad (el amor adolescente, su relación con una madre esquizofrénica, el sexo solitario…).

Pues bien, en este volumen nos encontramos por una parte con historietas totalmente surrealistas, como esa en la que se nos narra una imposible y violenta invasión de los rollos de papel higiénico, o la curiosa relación de un tipo llamado Bob Crosby y su televisor, con el que mantiene conversaciones; la amistad de dos animalitos llamados Conejito y Jerbito (así se llamaban el propio Brown y una novieta) y el violento y sangriento final con el que termina ésta… Historias locas, desquiciadas, algunas con un ramalazo poético (“El gemelo”) y que en aquellos primeros años fueron conformando la producción de este autor, cómics que junto a otros publicaría en su minirevista autoeditada Yummy Fur, donde nacería su personaje más conocido: “Ed, el payaso feliz”.

Pero de entre la veintena de historias incluidas en este tomo, las que más destacan, a mi parecer, son las de corte autobiográfico. Y es que es en ellas donde Brown, a lo largo de los años, nos ha ido narrando capítulos de su propia existencia: de las varias que podemos encontrarnos sobresalen dos: “Helder”, la descripción de un violento y desagradable compañero de piso, cuyas triquiñuelas y desordenado comportamiento tuvo que sufrir Brown en sus propias carnes en una época en la que todavía estaba empezando en el mundo de los cómics, sin ser la figura reconocida que hoy en día es.

Y claro está, es imposible cuando se narra una historia autobiográfica eliminar al resto de personas que nos rodean y es en “Mostrando Helder” donde nos encontramos con Seth, los consejos que éste le da a su amigo y a Kris, una antigua novia de Brown, que intenta por todos los medios que el dibujante cambie algunas viñetas en las que ella aparece. Podemos ver la inseguridad del autor ante una obra que no termina de satisfacerle y cómo pide consejo a los que lo rodean, dándole cada uno una opinión distinta al otro…

Esta obra es una instantánea más en esta imaginaria galería del autor, otra pieza de ese mosaico llamado Chester Brown.

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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