A grandes problemas, fantásticas soluciones

"Marvel Héroes. Los 4 Fantásticos", Walter Simonson, Rich Buckler, Arthur Adams (Panini Comics)

¿Creían que “Los Serrano” fueron los únicos en salirse por la tangente? No crean, incluso en el mundo del cómic ha habido momentos en los que un guionista, ante la imposibilidad de atar un final como Dios manda, ha salido por peteneras. Ése fue el caso de Steve Englehart y el adiós a su etapa al frente de “Los 4 Fantásticos”, allá a finales de los 80, un ciclo argumental sin sentido alguno, en el que uno de los guionistas con más crédito en los 70 -recuerden si no sus aplaudidas aventuras con Batman- había dilapidado sus honrosas credenciales en una espiral de historietas anecdóticas, culebrones dignos de serial televisivo y personajes más cercanos a lo bufo que a lo insigne (ahí está si no Sharon Ventura, la mujer-Cosa, para atestiguarlo). Englehart, viejo zorro al fin y al cabo, a sabiendas de que se había metido en un embolado de dimensiones cósmicas, optó por la solución más fácil: en su último número como guionista de “Los 4 Fantásticos” -el chirriante “Fantastic Four #333 USA”- aparecía como un personaje más de la serie y confesaba que todo lo sucedido bajo su mandato, gasp, había sido un sueño.

Menos mal que los capos de Marvel -con el editor Ralph Macchio al frente (y no, no tiene nada que ver con “Karate Kid” y derivados, queridos lectores no aficionados a los tebeos)- decidieron darle el testigo a Walter Simonson, quien venía de realizar una breve pero intensísima etapa en “Los Vengadores” donde, por cierto, aparecieron como guest stars nada más y nada menos que Mister Fantástico y la Mujer Invisible.

Simonson, que en años anteriores había dedicado cuatro años de su vida a “The Mighty Thor” llevando al dios nórdico de Marvel a cotas insospechadas de calidad, vio en “Los 4 Fantásticos” la oportunidad idónea de hincarle el diente a otra cabecera mítica de la casa, por mucho que en aquellos momentos el supergrupo andara más desnortado que de costumbre. Y vaya si la aprovechó.

Acompañado en los tres primeros números por los lápices de Rich Buckler, luego en rutilante soledad artística y con la colaboración estelar de un inspiradísimo Arthur Adams en los coletazos finales, Simonson emprendió desde diciembre de 1989 hasta julio de 1991 un viaje a todo gas, construyendo una hiperbólico parque de atracciones superheróicas donde tenían cabida Iron Man, Galactus, Thor, el Hombre Topo, Lobezno, el Motorista Fantasma, Hulk, Spiderman, los Skrull… y el Doctor Muerte, claro.

Unan a tan estupendo plantel de personajes unas tramas con irresistible sabor s/f, plagada de viajes espacio-temporales, guiños a clásicos como “La máquina del tiempo” o “El mundo perdido” y más de dos, tres y cuatro guiños y chistes privados (desde poner el rostro del editor sabelotodo Mark Gruenwald al responsable de la AVT, o Autoridad de Variación Temporal, los encargados de vigilar la línea de continuidad en el multiverso Marvel, hasta homenajear a “Ciudadano Kane” y su mítico trineo Rosebud), et voilà, el milagro estaba servido.

Con un sense of wonder que ya quisieran muchos dentro y fuera de las viñetas, Simonson nos regaló un período único e irrepetible de “Los 4 Fantásticos”, repleto hasta el último encuadre de una contagiosa vitalidad y dotado de un sentido del humor que te seduce desde el primer bocadillo. Recopiladas ahora en un jugoso volumen por Panini Comics ¡de casi 500 páginas! y con un didáctico y esclarecedor prólogo de Julián M. Clemente, estas indispensables aventuras lucen hoy con el mismo fulgor del primer día.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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