Baby punk!

"Ana y Froga. ¿Quieres un chicle?", Anouk Ricard (Blackie Books)

Blackie Books sigue sorprendiendo al lector con su paladar exquisito. La (pen)última alegría que nos ha deparado la editorial es la edición en nuestro país del primer volumen de la aplaudida serie “Ana y Froga”, hoy ya todo un clásico de la literatura infantil del país vecino y, agárrense, nominada tres veces en el prestigioso Festival de Angoulême. El bautizo de Blackie Little Books, la recién estrenada línea para niños, no podía tener mejor comienzo.

Su autora, Anouk Ricard, comenzó la serie cuando se mudó a Estrasburgo allá por 2004, desde el Sur de Francia que le había visto nacer. Publicada inicialmente como tiras en Capsule Comique, la reedición a cargo de Sarbacane se convirtió en todo un éxito -la serie ha sido traducida al inglés por Drawn & Quaterly en EE.UU.- y ya ha alcanzado los cinco volúmenes.

Éste que nos llega de la mano -¿o debería decir pata?- de Blackie Books es el primero de la saga: una gozada para niños y mayores que bajo el título de “¿Quieres un chicle?” presenta seis historias a cada cual más divertida, más el añadido de un prólogo y un epílogo también viñetados y unos intersticios ilustrados la mar de resultones. Lejos de practicar una narración ñoña y pueril para los más pequeños, Ricard interpela a ese carácter irreverente, desvergonzado y si nos apuran incluso puñetero que todo criajo lleva en su interior.

Así, Ana es capaz de cantar lo mal que huelen sus compañeros de correrías delante de ellos sin despeinarse un ápice. Su inseparable compañera Froga no duda en dejarse seducir por la comodidad en casa ajena antes de ayudar a un amigo en apuros -un gusano, por cierto, que anda atascado porque se ha atiborrado de patatas fritas-. El perro Bubú, con sus ínfulas de artistas, no duda en copiar “su” obra de aquí y de allá, e incluso hacer pasar por suyas las pinturas de sus colegas. El gato Quique se aprovecha de la buena predisposición del atún Johnny, hasta que a éste, claro, se le hinchan las aletas… Los personajes protagonistas no tienen el más mínimo problema en hacer trastadas, idear bromas e incluso mentir o disimular si la situación obliga. Son niños, al fin y al cabo, y como tal se comportan.

El trazo limpio y naif de Ricard -que recuerda al de nuestro querido Juanjo Sáez- le viene como anillo al dedo a unas historias que hacen de la simplicidad en sus relatos y lo pragmático de sus personajes las mejores de sus virtudes. Que la autora haya hecho sus pinitos en el mundo del stop motion (fíjense en el video que acompaña este artículo) también se aprecia en esa predilección marca de la casa por los animales antropomorfos y por el encanto natural -y tremendamente contagioso- que desprenden las páginas de “Ana y Froga”. Un último apunte al respecto: cuando no anda frente a la mesa de dibujo o colgando sus cuadros en galerías de arte, Ricard también le da a la música. Y si echan un oído a su banda, Frouky, verán que esta mujer es toda una autora: sus canciones tienen la misma urgencia, frescura y espontaneidad que sus viñetas. Muy punk.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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