Escalofríos de placer

"Creepy presenta: Richard Corben". VV. AA. (Planeta DeAgostini Comics)

Menuda joya. Así, sin más, es como se puede definir el lanzamiento con el que Planeta DeAgostini nos sorprendía hace unas semanas. Bajo el escueto título de “Creepy presenta: Richard Corben” se presenta la mayor -y mejor- antología hasta el momento del trabajo del dibujante en la añorada editorial Warren. De las más de 40 historias que ilustró Corben para las revistas Creepy y Eerie, este volumen ofrece la friolera -por cantidad pero también por los escalofríos que provocan algunas de ellas- de 40. Un número redondo para un lanzamiento ídem. Para mayor regocijo del fandom, el tomo incluye portadas, bocetos y otros documentos tomados de los comics originales.

Conviene aplaudir la labor desempeñada por José Villarrubia -que hace además las veces de documentado prologuista- en la restauración del color, algo necesario en un maestro de las tonalidades como Corben, que aplicó el uso del aerógrafo a las viñetas. Por su parte, Ryan Jorgensen es el responsable de la restauración del blanco y negro, detalle también a destacar ya que las revistas de la editorial Warren fueron pioneras en la utilización de la escala de grises en los comics.

Tan completa es esta antología que solo se echan en falta historias como las que Corben trazó en sus primeras colaboraciones para Warren, un puñado solo en Vampirella. Si exceptuamos ese lapsus, el lector disfrutará de clásicos como “Cámbiate… Ponte más cómodo”, brillantísima vuelta de tuerca al mito del hombre lobo -y del cazador cazado- guionizada por Doug Moench que hace no demasiado era homenajeada en la no menos brillante película de sketches “Trick or Treat”. O de relatos marcados por los momentos convulsos que se vivían en la sociedad norteamericana, como ese reverso tenebroso de Woodstock y los movimientos contracultura que supone “Un odio palpable”. O de adaptaciones del universo literario de Poe, hilvanadas por el otrora habitual colaborador de Corben, Rich Margopoulos, como “El cuervo”, “Sombra” o “El retrato ovalado”, versiones que demuestran que la mano del genio autor de “Den” o “Vic & Blood” se calza como un guante al delirium tremens del escritor de “La caída de la Casa Usher”.

Pero aun hay más, mucho más: las colaboraciones con Bruce Jones como las paródicas “Qué alta está la niña” y “Una mujer despechada”, pero sobre todo “Hasta el cuello”, un survival en el mejor sentido de la palabra, considerada además la última historia de terror que publicara Warren y todo un prodigio de composición de páginas y del uso del color. Más allá de ser uno de los platos fuertes de esta recopilación, esta historia bien podría aparecer en cualquier antología de lo mejor del cómic.

También hay espacio en estas más de 300 páginas para la relectura que Corben hizo del mito de Frankenstein, la muy aplaudida “Niño”, o un relato paranoico inspirado en Kafka, “La plaga”, cuentos apocalípticos como “Un ángel que roza el infierno”, más cercano en espíritu quizás a 1984 que al Creepy donde se publicó originalmente, historias a camino entre la comedia satírica de costumbres y el terror lovecraftiano como “Bowser” -donde Corben coincidía con otra de sus almas gemelas, el guionista Jan Strnad, eun relato que bien pudiera haber firmado un Cronenberg con sentido del humor- y hasta los escarceos del autor con el pulp con “El Carnicero”, y su protagonista claramente inspirado en “La Sombra”.

Sustos a la vieja usanza, mundos oníricos y otros planetas, mujeres -no podían faltar- rotundas, bestias y monstruos para todos los gustos, y no pocas pizcas de humor, marca de la casa, componen pues una antología que no puede faltar en tu colección. Lo dijo Will Eisner hace 35 años, en una predicción que recoge Villarrubia en el detallista prólogo del volumen: “Cuando el arte secuencial ocupe por fin su lugar como una forma acreditada de arte y literatura importante, Richard Corben será uno de los clásicos”. No te pierdas pues esta oportunidad de tener todo un clásico en tus manos. Estén o no ensangrentadas.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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