Caballeros en su pulp(a)

"The League of Extraordinary Gentlemen. Century: 2009", Alan Moore y Kevin O'Neill (Planeta DeAgostini)

¿Sientes nostalgia por los viejos folletines? ¿Te hechizan esas historias de viejos amores a través del tiempo? ¿Temes las amenazas a las que solo los más grandes pueden enfrentrase? ¡Pues toma dos tazas de cada!

En este tercer y conclusivo acto de la miniserie “Century” iniciada con “1910″ y continuada con “1969″, Alan Moore y Kevin O’Neill se dedican no solo a atar cabos sueltos -sobre todo, con la aparición de ese Anticristo tan enfadado y terrorífico como hilarante- sino a exprimir con un sentido lúdico de lo más agradecido los cánones pulp que han regido tan singular equipo de superhéroes.

Que trasladar la premisa habitual de un supergrupo a la plana mayor de héroes victorianos de la literatura era una operación de lo más pulp ya quedó claro en la primera serie de las tres que han parido Moore y O’Neill, donde sentaron las bases de un universo que parecía regido por conspiraciones gubernamentales, servicios muy secretos y villanos de órdago, a los que solo -claro- podían enfrentarse héroes bigger than life.

Preñada por ese humor esquinado marca del Moore más juguetón, llena de referencias culturetas que harán las delicias de todo hipster aficionado a ser el centro de las fiestas y dotada de una deslumbrante capacidad para embaucar al lector en su continua relectura de géneros y lugares comunes, “La Liga de los Hombres Extraordinarios” se reveló desde sus inicios como aquel “Grandes Joyas Ilustradas” que siempre soñaste. Y es que lo tenía todo -amor, aventuras, humor, terror…- y aparecían todos: Allan Quatermain, Mina Harker, Capitán Nemo, Fu Manchú… Que en entregas sucesivas se unieran a los créditos personajes no menos ilustres como John Carter o ese antepasado del agente 007, Campion Bond, no hacía sino aumentar las dosis de goce en el lector que, asombrado, se preguntaba dónde diablos acabaría la idea.

Pues bien, este “Century: 2009″ es, al menos por el momento, la última entrega de las aventuras del supergrupo steampunk por excelencia. Y no defrauda lo más mínimo. Hay momentos intensos para la lágrima -ese Quatermain destrozado por las drogas, una Mina encerrada en una institución psiquiátrica, la muerte y posterior sepelio de uno de los personajes centrales (tranquilos, no haré spoiler)…- pero también los hay cómicos, guiños al fenómeno Harry Potter incluidos, en una odisea con tintes -viniendo de Moore cómo no- mágicos y telúricos.

El trazo a ratos crispado, a ratos caricaturesco de O’Neill, le sienta como un guante a la narración, otro derroche de virtuosismo de Moore -¿se puede condensar tanto en tan poco sin parecer atropellado?- que alcanza su cénit en un clímax final que entronca la herencia de los villanos galácticos de la Edad de Oro de Marvel con gags a la gore que no envidiarían nada al Clive Barker más libérrimo. La resolución, con personaje Disneyano de por medio, es tan delirante como encantadora.

Dos adjetivos que le vienen como anillo al dedo a una serie como ésta: delirante y encantadora.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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