Jesucristo es un zombi

Jesucristo mola. Convierte una baguette en lubinas y el agua de grifo en albariño fresco. Sale con putas, anda sobre el agua (lo que hace suponer que seguramente también se pone hasta la pata), resucita a sus colegas y, lo más total, se resucita a sí mismo para convertirse en pájaro.

Está claro. No nos habíamos dado cuenta hasta ahora pero resulta que Jesucristo es un zombi. Él fue el primer muerto viviente de la historia. Resucitó de entre cadáveres y, a todo el que bebía su sangre, lo convertía en cristiano. Su carismática historia siempre le permitió adaptarse a cualquier tendencia y ya consiguió que en los años 60/70, hordas de hippies ateos y fumetas copiaran su estética melenuda y su mensaje pacifista. Y ahora que los muertos vivientes están tan de moda, Jesucristo vuelve a ser un hit.

El equipo de Fist of Jesus, aprovechando el tirón que tiene el vagabundo más enrollado de la historia, lo ha pillado a la perfección con este cortometraje. “Fist of Jesus” es un proyecto que funciona mediante el crowdfunding (que significa “kiyo, dame argo, que quiero hacer una peli con mis colegas”). De momento los chavales han hecho un trabajo buenísimo con este corto, casi sin un duro, donde vuelan los hígados y vísceras varias, y amenazan con un largo si consiguen engatusar a suficientes inconscientes.

No me extrañaría que la Iglesia andara detrás de este proyecto. Siempre han tenido un ojo de lince con el Marketing y, tras el éxito de “The Walking Dead”, han visto en el Puño de Jesús una oportunidad de renovarse definitivamente. Es verdad que en el primer intento de colarnos a un zombie con el anterior Papa les salió rana, se notaba demasiado que era un zombie de verdad, pero ahora estoy seguro de que darán la campanada.

Listos los de atrás

Eso sí, es cierto que hay algunas cosillas, como la Semana Santa, que la iglesia (o sus fieles) harían bien en modernizar. El cine no ha estado muy acertado acercándose a esta tradición tan española y prácticamente la ha ignorado a lo largo de su historia. Hay alguna excepción,  como “Nadie conoce a nadie” (1999), con guión y dirección de Mateo Gil. En esta película, Jordi Mollá da una de las mejores definiciones de la Semana Santa que se he escuchado jamás.

Cuando llega esta época del año, hay dos cosas inevitables. Una, es ver “Ben-Hur” en la televisión. La otra es no cruzarse con algún desfile de los muertos vivientes, especialmente en Andalucía. Coronas de espinas, clavos que atraviesan manos, costados sangrantes. Tiene toda la pinta de que un día, todos esos penitentes se quitarán sus capuchas y capirotes y comenzarán a devorar niños y ancianas.

Y otra cosa que no puedo evitar recordar cuando llega la Semana Santa, es recordar el mejor final de la historia del cine. Entre tanto fanático, tanta prima, tanto riesgo, y tanto mangón, Brian nos recuerda que hay que mirar siempre el lado de la vida que más brilla.

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Fernando G. Acuña

Cuando escuché por primera vez el refrán “pongo un circo y me crecen los enanos” pensé en lo afortunado que sería teniendo más enanos para mi circo. Por un momento, imaginé que los enanos crecían como las cebollas o los puerros, en un huerto, con un poco de sol y mierda de vaca. Así es mi vida: irreverente, cómica, absurda, como un circo lleno de enanos que crecen sin parar.


Un comentario

  1. DJesus dice:

    http://www.youtube.com/watch?v=m2pK60VlnJ8

    Responder

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