Son cosas que pasan, son cosas de Cai…

“Nosequé Nosecuántico”, Fernando Lobo e Israel Alonso (Quorum Editores)

Nos encontramos ante un acontecimiento literario de lo más singular: ésta es la primera novela de ciencia-ficción gadita. Ojo, no he dicho “gaditana” (que también lo es). Y es que, ante todo, cabe definir el término. Un gadita muere por su tierra (Cádiz), el Carnaval y sus agrupaciones, el fútbol, la Semana Santa, las barbacoas del Trofeo Carranza… Es una filosofía propia, que no por haber nacido en la Tacita
de Plata hay que practicar.

Una vez hecha esta aclaración centrémonos en la historia que estos jóvenes han escrito a cuatro manos. Sus puntos de localización principales son Cádiz, of course, y Suiza, más concretamente los laboratorios donde se construyó el Colisionador de Hadrones. Una casualidad hace que el botarate Wenceslao Treviño invente la tostadora perfecta, sin darse cuenta de que en realidad ha creado una réplica del ingenio que se pone en marcha en el país de los relojes de cuco. De pronto, una singularidad cuántica se origina y comienzan los Plofs, saltos que arrastran de un lugar a otro y en el tiempo a todo tipo de objetos, personas o animales… Si a esto sumamos un escuadrón de militares yanquis, que, como siempre, tienen que meterse hasta en los charcos pues ya tenemos el follón armado.

Saltos cuánticos por doquier, tortilla de papas, una estudiante Erasmus, científicos muy muy locos, la playa de La Caleta, una esposa abandonada con muy mala uva… En fin, todo un reparto que nos lleva de un lugar a otro con un ritmo frenético, en una novela que se lee de un tirón (tranquilos, los términos científicos, que los hay, se explican de una manera muy llana y sencilla) y que cuenta como añadido con unas pocas (uno siempre quiere más) de ilustraciones del genial Mel, que le pone rostro al descontrolado Wences y cía.

Mezclen a Berlanga o Azcona con una buena fuente de papas aliñás y obtendrán una divertida historia, plagada de personajes arquetípicos de la fauna gaditana (¿o debería decir gadita?) a los que se suman unos militares que parecen sacados de “La Chaqueta Metálica” y unos científicos muy muy alelados, los pobres.

Cuando todo parezcan llegar a su fin (cuántico, claro), los autores se sacan de la manga una solución que se la pondría morcillona a Iker Jiménez, apostando claramente por una resolución de lo más fantástica.

Y todo esto con una banda sonora de al ritmo de la caja y un bombo.

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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