“He tenido la suerte con las editoriales que no tuve con la productoras”

Santiago Lorenzo, el amigo de los libros

Que haya encontrado más continuidad y (re)probado éxito en el mundo editorial, dice mucho de la miopía galopante de nuestra ¿industria? del cine. Santiago Lorenzo, director de aquella joya llamada “Mamá es boba”, reincide en la novela tras la aplaudida “Los millones” con “Los huerfanitos”, editada por Blackie Books. Un relato de iniciación tardía a la madurez, o de retorno a la infancia, decidan ustedes queridos lectores, impregnado del humor marca de la casa y no poca ternura. Altamente recomendable, oigan.

Hay quien, como Miqui Otero, cita a Wes Anderson para describir su nueva novela. A mí me recuerda también al maestro Azcona. Sobre todo por las situaciones entre lo cómico y lo trágico, y por esa mirada, entre lo tierno y lo cafre, del autor a sus criaturas. ¿Habemus acuerdo?
Me gustaría mucho que así fuera, pero ya ven ustedes en qué me quedo. De Azcona he visto sus películas, de guión magistral. Aunque hay una que no cito, que me pareció una cosa progre tremebunda. Lo cierto es que yo de Wes Anderson nunca he visto nada. Lo que pasa es que para mí, lo que dice Miqui Otero es sagrado.

Por cierto, y ya que andamos con el cine, la Brigada Guajardo me trae a la cabeza aquellos vejetes oficinistas metidos a piratas por obra y gracia de Terry Gilliam. Tal vez quizás también por el amor que tiene el pythoniano a los decorados, como lo tienen también la Guajardo… y usted mismo, con Lana S. A. como traje de faena. ¿Es la Brigada un homenaje a un oficio siempre entre bambalinas?
La idea de unos tíos y tías que vuelven a trabajar después de sus sesenta y cinco años me seduce un huevo. Un grupo humano que descubre que el premio -la jubilación- es un truño y que prefieren volver a la carrera. Gente que se pasó la vida currando y que se encuentra con que el descanso era ver al asqueroso de “Saber vivir”. Claro está, se vuelven de cabeza a donde no puedan ver a las Reinas de la Mañana en A3 y Tele5.

Me asombra el dominio del lenguaje que destila “Los huérfanos”. Esa facilidad pasmosa para el adjetivo preciso. Y ese idilio permanente con el lector: es coger el libro y no poder soltarlo. Sorprende aun más de alguien que, en principio, parece estuviera educado en la imagen, y no en la letra. ¿O acaso no hay una cosa sin la otra?
Me gustaría que tuviera usted razón. Mucha, a raudales. Y le agradezco horrores el comentario.
La palabra se ejercita mucho en el cine: hay que rajar y rajar mucho para sacar adelante la financiación de cualquier cosa.

Su anterior novela, “Los millones”, nació de un guión de cine. ¿Podría hacer el camino inverso con “Los huerfanitos”… o eso es mejor dejárselo a otro?
Me encantaría ver cómo alguien saca un guión de esta novela. Yo por mi parte me traduzco “Los huerfanitos” a guión a ratos perdidos.

Ya que estamos: ¿lo del título es choteo a costa de novela dickensiana?
El título es mérito de Mer García Navas, mi socia en Lana, S. A. Había una idea sobre un padre que moría, y a ella se le ocurrió que esos tres hijos suyos, tres hombretones como tres castillos, no eran sino unos huerfanitos. Como los de Dickens.

“No sé si es que soy tonto, pero siento un gran respeto por el trabajo ajeno”

Acostumbrado a ser considerado un francotirador de nuestra cinematografía, ¿qué tal se lleva con el mundo editorial? Supongo que publicar un libro costará menos sudor que levantar una película…
Yo he tenido la suerte con las editoriales que no tuve con la productoras. Estar en Mondo Brutto es como tocar en una banda de rock and roll. Estar en Blackie Books es encontrarse entre unos geniecillos que biológicamente podrían ser mis hijos pero que actúan con la grandeza de aquellos seres que te mueven a replantearte cosas que dabas por segurísimas. Yo no sé si es que soy tonto, pero siento un gran respeto por el trabajo ajeno. Es el que encuentro en las dos editoriales con las que me he topado.

Jordi Costa le definió una vez como “delicado orfebre del feísmo”. Leyendo algunos pasajes de “Los huerfanitos”, parece que la definición no ha perdido un ápice de seguridad en si misma. ¿Se ve como tal?
Vienen tiempos gloriosos para el feísmo: promociones residenciales a medio construir, infraestructuras abandonadas, calatravadas y moneadas cayéndose a cachos, parques de atracciones en putrefacción, restaurantes de diseño con cucarachas. El punto de partida de las narraciones que a mí me gustan es siempre el de una expectativa que no se cumple, como en los ejemplos mencionados.

Otra constante en su obra es la sátira a lo institucional, lo normativo, lo burocrático. Ahí enlaza con esa tradición tan nuestra de lo esperpéntico. A su manera, claro. ¿Se encomienda usted al espíritu de Valle-Inclán en alguna ocasión?
Yo no entiendo cómo alguien puede escribir tan bien como el venerable Valle-Inclán. Pero lo mejor es no encomendarse al espíritu de nadie, que luego te sale “Águila de blasón” y a ver cómo lo explicas.

Sin ánimo de destripar final alguno, ¿se considera usted un optimista?
A mí es que todo me ha salido siempre mucho mejor de lo que jamás esperé. Dado que mi volumen de consecuciones es una birria, imagínese usted cuáles eran mis expectativas en la vida. Pero mejor así, porque luego uno siempre está contento. Yo sigo pasmándome a diario de tener unos amigos tan fenomenales, de haber trabajado siempre en lo que quería, de no tener que madrugar, de poder elegir mi lugar de residencia y de las novias tan majas que he tenido. Me han dado unas tobas horrorosas, pero cuando me acuerdo me entra la risa. Igual habría que empezar a hacerse el desabrido, pero tener que estar poniendo cara de Mabuse… Un cansancio.

Última pregunta, se lo juro: ¿para cuándo un nuevo tute a la silla de director?
Con ciertas productoras, para nunca. Con una productora con un trato normal hacia las personas, para cuando se me ocurra un guión. Mer García Navas haría la Dirección de Arte, Diego Ortiz la Foto, Antoñito Lara llevaría el montaje y Malcolm Scarpa haría la música. Más o menos como cuando hacíamos cortos, o “Mamá es boba”. Que ese sí que fue un tiempo-cine del que me queda la impresión de haber estado haciendo las cosas como buenamente consideraba que debía hacerlas.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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  1. SANTIAGO LORENZO: Los Huerfanitos (Blackie Books, 2012) « Pedaladas a buen ritmo

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