“Un poeta tiene que saber qué se oferta en el Mercadona”

Alejandro Simón Partal. Poesía en el óxido

Formando parte de una joven generación de poetas que no se toma en serio aquello que cantaba Germán Coppini de “malos tiempos para la lírica”, Alejandro Simón Partal -de la añada de 1983- edita su segundo poemario “Nodulo Noir” (Renacimiento), tras indagar en el óxido de lo mundano y lo divino en su debut “El guiño de la chatarra”. Y como maestra de ceremonias, Christina Rosenvinge se ofrece para presentarlo en el prólogo de su nuevo libro. Charlamos con él en el mítico Café Picalagartos, guareciéndonos de ese fenómeno tan terrible conocido en Sevilla como “la caló”.

 

En tu poema “Avitamínico” dices que los poetas son unos desequilibrados. ¿Hay que estar un poco loco para ser poeta o bastante loco para querer vivir de ello?
Sí, porque uno no se puede ganar la vida como poeta, la vida se pierde como poeta. La poesía no es un fin, sino un medio para otra cosa. El problema es ¿para qué? Jean Cocteau decía: “La poesía es imprescindible, pero no sé para qué”. El poeta tiene que vivir un poco al límite, tiene que transformar la existencia desde lo más mundano. Tiene que estar en las nubes, pero saber también qué se oferta en el Mercadona.

¿Piensas que tu juventud puede ser un lastre para que no se te tome en serio?
No tendría por qué. Hay cosas que sí pueden ser un lastre, más que la juventud. De hecho los grandes genios de la literatura, con los que no me puedo comparar, empezaron muy jóvenes, como Rimbaud o Miguel Hernández, que publicó su primer poemario a los 20 años. Además se dice que la poesía es un oficio de juventud. Creo que la poesía en realidad es una carrera de fondo. Excepto esos genios, los comunes hacemos las cosas día a día para hacer algo medianamente bien.

¿Cómo se porta contigo la editorial Renacimiento?
Que me editaran fue un lujo porque tienen un catálogo de imprescindibles del siglo XX y de poesía actual. Y que una editorial con tanto pedigrí apueste por el primer poemario de alguien tan joven y que también me editaran el segundo es una maravilla. Además lo importante de una editorial es que el criterio del editor sea incuestionable y Abelardo Linares además de poeta y bibliófilo lleva en esto toda la vida; y que alguien como él dé el ok a tu trabajo es muy bonito.

“La poesía no es un fin, sino un medio para otra cosa. El problema es ¿para qué?”

¿Has visto la librería de Renacimiento?
Sí, de hecho la ví antes de publicar con ellos. Es un parque de atracciones para alguien que le guste los libros. Además su historia es increíble. Se fue a Nueva York y se trajo todos esos volúmenes. Si Abelardo fuese norteamericano se le hubiera hecho un biopic seguro. Su historia es muy curiosa

Presentaste tu obra en la Feria del Libro de Sevilla. ¿Qué te parece la labor de las editoriales pequeñas como El Cangrejo Pistolero, Ediciones en Huída o Editorial Ultramarina Cartonera?
Es para quitarse el sombrero que con lo complicado que está este mundo haya gente que haga unas ediciones tan exquisitas. Cierran periódicos y van periodistas a la calle… Que alguien se tire por la ventana para hacer estas cosas y que le vaya bien me parece estupendo. Ojalá hubiera más gente que tuviera tantos huevos para montar una editorial y poner su pasta ahí. Ojalá sigan mucho tiempo porque solo están empezando.

Si se comercializaran libros ilustrados con tus poemas, ¿quién te gustaría que los dibujara?
No sé mucho sobre el dibujo en los poemas. Al principio me gustaba mezclar la poesía con la música y hacía perfopoesía, que la hace muy bien El Cangrejo Pistolero. Pero mezclar poesía y música o con dibujos me parece algo muy difícil de hacer para que salga bien. Soy muy conservador en eso. Soy consumidor de esos libros, pero no me gusta para mí. A veces sacar una guitarra en un recital puede ser para maquillar algunos versos cuestionables. Me gusta, pero que no sea para camuflar la poesía. Me gustan más los textos que los gestos. Aún así me gusta mucho como dibuja una autora llamada Sara Morante que dibujó las ilustraciones de “Diccionario de literatura para esnobs”, me gusta mucho su estilo y su estética.

He visto que en algún poema pruebas con la rima. ¿Qué relación tienes con ella?
Tengo una relación conflictiva con ella. (Risas) Creo que el poeta tiene que dominar la técnica y luego que haga lo que quiera. Pero desconfío de la gente que a priori desconoce la técnica y escribe poesía. No hace falta rimar para ser un buen poeta, pero me gusta conocer las herramientas. A mí la rima me parece que a veces limita la poesía, es ponerle un corsé que no es necesario.

“Hay músicos que son más grandes que muchos poetas: Bob Dylan, Nick Drake, Leonard Cohen o Bill Callahan”

Juan Eslava contaba una anécdota sobre unos turistas en un coche de caballos que pasaron por La Alameda, en Sevilla, y al ver la estatua de Manolo Caracol preguntaron que quién era: si un pintor, un poeta, un escritor o un músico. Y el cochero les dijo: “No, es Manolo Caracol”. ¿Se pueden equiparar los músicos a los poetas?
Yo creo que sí se puede, de hecho se debe equiparar. El problema es que hay mucho complejo en este país con esa clase de cosas. Hay músicos que son más grandes que muchos poetas: Bob Dylan, Nick Drake, Leonard Cohen o Bill Callahan. Lo creo, si no no me hubiese hecho el prólogo Christina Rosenvinge, que creo que tiene mucha poesía. El músico es un trovador y el poeta también es un trovador. Por desgracia en la música cada vez se estilan menos las letras con contenido. Si ves en panorama de los más vendidos, ya ves quienes están en cabeza…

En tu primer libro, “El guiño de la chatarra”, haces mención a David Bowie o a Leonard Cohen. ¿A qué músico le darías un premio literario?
A Bob Dylan y a Leonard Cohen, aunque ya les han dado el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. De los que están haciendo cosas ahora me interesa el cantante y compositor de The Magnetics Fields, Stephin Merrit. Me parece uno de los mejores compositores en activo. Venga, cambio a Dylan, los premios para Merrit. (Risas)

Volvemos a “El guiño de la chatarra”. La última parte es la más oscura. ¿Por qué dejas lo más amargo para el final?
No sé por qué, no es premeditado. Los poemas los pones ahí y entre ellos es como si formaran un puzzle. En el último libro, “Nódulo noir”, los poemas más ácidos y amargos están al final. Debería ser al revés, lo optimista al final, pero son los poemas los que deciden, no yo. No me gusta la pose decadentista o el melodrama. Me gusta mucho un poeta que se llama Juan Antonio González Iglesias, o Braulio Ortiz, que tienen una poesía estupenda y optimista. Celebran la vida como una fiesta y así es como debe ser. Pero yo no lo controlo, si lo controlase sería otra cosa, no puedo cambiarlo.

¿Y le has propuesto a Christina Rosenvinge musicar alguno de tus poemas?
No, no. Sería una maravilla, pero es que ella no necesita que nadie le haga sus letras. Ella lo hace mejor que yo. Es inviable.

 

 

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Juan Antonio Huertas

Comenzó a ser redactor de FREEk! como parte de un tratamiento para superar su adicción al Varón Dandy vía oral. Hoy está casi rehabilitado. Le gusta la música, el cine y la literatura que le hace sudar, que le piten los oídos, le provoquen insomnio o poluciones nocturnas. No le presten dinero ni le llamen para las mudanzas.


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