Mama, quiero sex artista

Groupies legendarias

Trasnochadas, histéricas, excéntricas y nacidas con fecha de caducidad, las groupies constituyeron un fenómeno inseparable de la leyenda musical del pop de la década de los años sesenta y del rock de estadio de los setenta. Algunas con mejor fama y otras con peor fortuna, fueron esa mala mujer que siempre hay detrás de un buen hombre.

 

Ellas convirtieron nuestros sueños en realidad y su realidad en una auténtica pesadilla. Una pesadilla en la que las drogas, el amor libre, suicidios o enfermedades de transmisión sexual marcaban la pauta. A pesar de todo, pasaron a los anal-es de la historia como testigos ineludibles de una forma de entender la vida y la música, siendo las musas inspiradoras de canciones que se convirtieron en himnos generacionales. “Leopard Skin Pill Box- Hat” de Bob Dylan, “Ruby Tuesday” de The Rolling Stones, “Dolly Dagger” de Jimi Hendrix, o “Famous Groupies” de Paul McCartney son ejemplos de la magna influencia que ejercieron sobre el ingenio de nuestros artistas favoritos.

El fenómeno groupie es heredero directo de las legiones de fans que seguían a sus ídolos con el pagano objetivo de conseguir un simple autógrafo o verlos actuar sobre un escenario. La década de los años ‘50 las vio crecer y Elvis Presley les cedió un reino, Graceland, donde precisamente no reinaba ni el silencio ni la quietud. Ya en la primera mitad de los años ‘60 y con la irrupción de The Beatles y la beatlemania, esta muchachada incontrolable y ensordecedora agotaba las localidades de cualquier concierto de los cuatro de Liverpool. Ringo Starr, haciendo alarde de su habitual sentido del humor, llegó a declarar que con tanto griterío fanático no podía seguir el ritmo de las canciones sino miraba como movían los glúteos sus tres compañeros de grupo.

Pasado el ecuador de esta misma década, las groupies comienzan a ser desfloradas con la proliferación de festivales al aire libre, el flower power, interminables giras, la revolución sexual y distintas quimeras y utopías sobre el amor y la condición humana. Gracias a esto para unas y por desgracia para otras, las angelicales fans se transformaron en creciditas groupies que, en edad de merecer, quemaban sus sujetadores. Éstas iban más allá del discreto autógrafo o el esporádico beso, para “acompañar” a las mejores bandas o solistas del momento de concierto en concierto. Y de banda en banda. De ahí que en no pocas ocasiones se haya etiquetado a las groupies como stars fucker (folladoras de estrellas) ya que cambiaban de banda con la misma pasmosidad con la que lo hacían de perfume. ¡Y a copular qué son dos días!

AQUELLOS MARAVILLOSOS POLVOS

En este contexto, el denominado “verano del amor” bajo la consigna “haz el amor y no la guerra” fue su estación más calurosa y menos autodestructiva. El LSD, la marihuana, distintos opiáceos, el blues o la psicodelia, fueron los protagonistas de un verano que se extendió desde el Festival Pop de Monterrey en 1967, hasta finales de 1969 tras el asesinato de un estudiante en el festival de Altamont, mientras sus majestades satánicas interpretaban “Simpathy For The Devil“. Los protagonistas de este extenso verano fueron Jimi Hendrix, The Who, The Doors, The Rolling Stones, Pink Floyd, Frank Zappa y sus Mothers of Invention… a los que no les faltaban sus medias naranjas, más o menos ácidas.

Cynthia Plaster Caster era conocida como la “groupie artista”. Gracias a ella y a los consejos de sus profesores en la Universidad de Arte de Illinois para conseguir un molde duro, se conservan réplicas en yeso de los penes erectos de Jimi Hendrix, Tim Buckley, Frank Zappa o de todos los miembros de MC5. Con las manos en la masa, se la puede ver aplicándole el molde al guitarrista en el documental “Hendrix” (2000), donde pueden concluir que el de Seattle no sólo estaba dotado para la música. Actualmente, su trabajo está más centrado en réplicas de senos de roqueras como L7. Y es que las hay que han nacido para ser artistas.

Jenny Fabian fue la groupie de la psicodelia inglesa. En su curriculum groupiae destaca la siempre convulsa e ilustre personalidad de Syd Barrett de Pink Floyd. Como tantas otras, ha dejado inmortalizados sus días de ácido, sexo y rosas en su libro “Groupie” (1969), donde esta feminista (ya ven) llega a afirmar que “si no eran encantadores, no se las chupaba”. Si pasan por Londres, la encontrarán dando conferencias sobre su otro libro “A Chemical Romance” (1996), haciendo alarde de su virtuosismo oral.

Las GTO (Girls Together Outrageously), por su parte, formaron una banda y eran las groupies de Frank Zappa y los suyos, las madres del invento, que eran muchos. Miss Sandra, Miss Pamela (la futura Pamela Des Barres: la groupie más usada del mundo occidental), Miss Lucy, Miss Sparky, Miss Cynderella, Miss Mercy y Miss Christine se sometieron a los pocos encantos de los creadores de “Freak Out!” hasta que se vieron envueltas en turbios asuntos de drogas. Zappa, que increíblemente odiaba la química, las despidió. Christine, Lucy y Sandra pasaron a peor vida fruto de la farándula nocturna, mientras que Cynderella se casó con John Cale, Pamela es una autora de prestigio tras publicar su autobiografía “I´m With The Band“, y Sparky forma parte de la plantilla ejecutiva de… de… de… Disney.

La década de los ‘60 no cerraría y haría caja hasta que Marianne Faithfull y Anita Pallenberg pasaran por la piedra de todos los Stones. La primera, a pesar de su victoriana educación en un colegio de monjas, mantuvo con Mick Jagger algo más que un idilio marcado por las drogas, escándalos y varios intentos de suicidio. Keith Richards, Brian Jones, David Bowie o Jimi Hendrix formaron parte de su cartera de clientes. “Before The Poison“, editado el año pasado, es su última referencia discográfica. Anita Pallenberg comenzó como novia del también Stone Brian Jones, para acabar en las malas compañías de Keith Richards o la misma Marianne Faithfull, drogas mediante. Tras salir airosa de la turbia muerte de un adolescente en su propia casa a finales de los ‘70, sigue rondando por actos sociales en Londres.

PARA FESTIVAL, EL DE MIS SÁBANAS

Los ‘70 fueron una década en la que se consolidaron los grandes dinosaurios de años anteriores como The Who o Led Zeppelín. Jimi Hendrix, Jim Morrison o Janis Joplin morían dejando huérfanos a una toda una generación de amor libre y lisergias. Los festivales de Monterrey, Woodstock o Wight eran presa ya de la nostalgia bajo el lema “El sueño ha acabado”. La psicodelia y el LSD cedían terreno ante la heroína, la cocaína, el glam, el arena rock (macroconciertos ubicados en estadios) o el punk. Y el rock and roll, tras los directos de Patti Smith, ya no sería “cosa de hombres”.

Y la respuesta no se hizo esperar: nuevas hordas de groupies urbanas recibieron el relevo generacional de otras que no eran tan jovencitas,aunque sí igual de viciosas. Sable Starr comenzó su carrera como groupie a los 14 años y a los 17 ya dio por concluida su diplomatura. Iggy Pop, David Bowie, Marc Bolan o Jimmy Page integraron su currículum groupiae que completó con sus dos maltratadores amores; Johnny Thunders y Richard Hell. Tras alcanzar la mayoría de edad, se trasladó a California donde trabaja en un casino, donde ya no sube y baja pieles. ¿Quién da más?

Pues Bebe Buell, madre de la actriz Liv Tyler a la que crió junto a Todd Rundgren hasta que descubrió,mientras entre pitos andaba el juego, que su verdadero padre era Steven Tyler de Aerosmith. Mick Jagger, David Bowie, Jimmy Page o Elvis Costello entre muchos, durmieron al lado de la musa más deseada del decenio. Recientemente ha publicado “An American Rock’n'roll Journey“, su autobiosexografía.

 

De 16 añitos también, Christine Boris fue considerada la principal diversión -más que el pinball-de las bandas de rock de EEUU. Amiga de las malas compañías, giró con Bad Company, los ingleses Led Zeppelin y hasta Lynyrd Skynyrd, para acabar hospitalizada por abusos sexuales y patologías de distinta índole.

Cyrinda Foxe también tuvo predilección por andar por el lado más salvaje de las giras. Sus largos paseos la condujeron al altar con dos grandes del rock: David Johansen de New York Dolls y un Steven Tyler con la mano muy larga. En su camino de baldosas amarillas tropezó con David Bowie, que la inmortalizó en el clip “Jean Genie” y dejó en cinta mientras rodaba la película “Bad” de Andy Warhol. Tras abortar, publicó sus infortunios con Tyler en el insomne libro “Dream On“. Hoy por hoy, malvive en las calles de New York como una gran manzana podrida.

Mientras, en Inglaterra, el estallido del punk y su “hazlo tú mismo” justificó que Nancy Spungen se lo hiciera con todos. Sus adicciones y provocaciones junto a Sid Vicious de los Sex Pistols ensombrecieron su pasado como actriz porno, para bautizarla como la última gran groupie de los setenta en la película “Sid & Nancy“.

Y hasta aquí puedo leer.

PAMELA DES BARRES. LA GROUPIE INTER PARIS

Nacida en 1948 en California, su vaginal actitud y aptitud hizo de esta tierna beatlemaníaca incontrolable la groupie más ilustre y usada del mundo occidental. El Hollywood de los ‘60 constituyó su particular coito privado de una caza que tuvo presas como Jim Morrison, Mick Jagger, miembros de The Jimi Hendrix Experience, Iron Butterfly y Steppenwolf.

Jimmy Page, su primer gran romance, no dudó un instante en llevársela de gira de la misma manera que la abandonó por otra groupie más joven aunque sobradamente preparada para el turismo, una Lori Maddox de catorce años. Así las cosas, decidió unirse al grupo de groupies que Frank Zappa y los suyos habían bautizado como las GTO (Girls Together Outrageously). Con estas chicas desenfrenadamente juntas, llegó a grabar incluso un disco: el descatalogadísimo “Permanent Damage” a principios de los ‘70. Tras ser una GTO, Pamela se enamoró del aún desconocido Don Johnson, que la plantó por Melanie Griffith.

A partir de entonces una nueva generación de púber groupies comenzaron a ensombrecerla. De entre todas, la Barres maldecía a Sable Starr, a la que definía como “el más odioso de los pastelitos” de catorce añitos. Y es que a nadie le amarga un dulce y menos con el licor al que siempre olía otra de sus sonadas conquistas, el etílico batería -¡y qué batería!- de The Who, Keith Moon. Poco después pronunció el temido “sí, quiero” a Michael Des Barres, músico de segunda división con el que tuvo un hijo.

Ya en los ochenta, tras encadenar diversos desaciertos con Terence Trent D´Arby o Dave Navarro, posa en Playboy y publica sus correrías en el best- seller también llevado al cine “I´m With The Band“, donde expone su destreza en el manejo de las armas de copulación masiva. A éste le siguieron “Take Another Little Piece Of My Heart” y “Rock Botton“. Actualmente es una columnista de prestigio que persigue a cualquier veinteañero que sepa afinar su instrumento. Quien tuvo, retuvo.

LOS CINCO OSCUROS OBJETOS DE DESEO

Jimmy Page

El elenco de groupies que pasaron por las manos del guitarrista de Led Zeppelin es tan extenso como la lista de los reyes godos. De entretodas, las de mayor renombre fueron Sable Starr, Bebe Buell, Pamela Des Barres y Lori Maddox. Con ellas iba renovando su harén de vicio y perversiones en el que no faltaban prácticas como el sadomasoquismo, los látigos o la lluvia dorada. Y es que nunca llueve a gusto de todos.

Mick Jagger

La garganta más rodada de todos los tiempos protagonizó junto a Marianne Faithfull, el auténtico icono de la revolución sexual, una relación que fue considerada el summum de las drogas y el sexo. Tras el nacimiento de su hijo Nicolas fue suplantada por Pamela Des Barres, Anita Pallenberg, Devon Wilson, Bebe Buell o David Bowie. Y si este Stone se pronunciara más, tendría lengua para rato.

Jimi Hendrix

El guitarrista zurdo más inspirado de Seattle vio como su pene era inmortalizado en yeso de la mano de Cynthia Plaster Caster. De entre sus muchas groupies, su preferida era la prostituta y yonki Devon Wilson, a la que compuso “Dolly Dagger“. Ambos tuvieron una muerte trágica: Hendrix en 1970 por una sobredosis y Devon en 1971 cuando se precipitó por una ventana del Chelsea Hotel. Y el viento lloró, Mary.

 

David Bowie

Por todos es sabido que a nuestro Duque Blanco le gustaba el pan de pico. Y si no que se lo cuestionen a Mick Jagger y Lou Reed. Sin embargo, también sació su voraz apetito con Angie Bowie, con la que estuvo casado diez años y tuvo un hijo, Zowie. Y con nenas como Sable Starr, Bebe Buell o Cyrinda Foxe. Buenos postres para una odisea sexpacial.

Iggy Pop

El amo indiscutible de Detroit gustaba de prácticas más bien raritas. La Iguana igual se rajaba la piel con una botella rota, que le teñía el vello púbico de verde a Sable Starr (a la que compuso “Look Away” por su tormentosa relación con Johnny Thunders, otro que las gastaba finas) o enseñaba a afilar cuchillos a su discípula Bebe Buell. Ain´t no fun, my babe, no fun…

 

FREEK! te recomienda:

Fernando Cañas


Deja tu comentario


4 × seis =

Si, esto esta orgullosamente hecho con Wordpress | Deadline Theme : An AWESEM design

Featuring Recent Posts WordPress Widget development by YD