Georgie Dann

Dicen que King Africa usurpó el trono de artista del verano hace ya unos cuantos años. Sin embargo, al hablar de Georgie Dann no hablamos de un cantante de usar y tirar. No es el producto comercial prefabricado para luego, en octubre, dejarlo en el cajón de la ropa de verano. Georgie Dann es un músico, compositor y cantante que lleva más de 20 años cosechando hits como quien fríe churros.

Hay gente en España que aún guarda respeto hacia los artistas de este país, por muy horteras y kitsch que parezcan (o sean). Es el caso de la Banda del Capitán Canalla, que hace unos añitos cantaba “Ni Bustamante ni Bisbal, que vuelva ya Georgie Dann”. Así que, viendo que era cierto que había personajes nuevos en la palestra de las salas de baile masivo, el francés afincado en España volvió al estudio tras unos cinco años de sequía. Qué veranos más tristes aquellos en los que sólo se editaban sus grandes éxitos remezclados. Pero finalmente, tras el anuncio de coches en el Polo Norte, resurgió de sus cenizas de colorines.

“Mozart me gusta mucho, pero soy fan de Bach”

El ilustrado poeta de chiringos y verbenas, capaz de rimar “barbacoa” con “barbacoa”, como se dice por ahí, se ha llevado casi toda la vida grabando sencillos (me refiero a singles, no a que sus temas sean sencillos…) y triunfando verano tras verano con su inconfundible peinado, sus ropajes multicolores, sus bailarinas en bikini y su baile mmm… y su baile (pongan el adjetivo que quieran).

En realidad, empezó siendo profesor de primaria allá por los años 60 en su París natal. Allí se dedicaba a componer canciones para los críos hasta que llegó un padre de esos que se entrometen en la educación de sus hijos (¡qué barbaridad!) y le dijo que sus hijos estaban para estudiar y aprender, no para cantar. Quizás soltó una lagrimita, pero enseguida se dedicó por completo a la música. Formó varias bandas, fue telonero del rockabilly Gene Vincent (creador de “Be-Bop-A-Lula”), grabó algún disco que otro y llegó a ponerle música a la versión francesa de la “Blancanieves y los Siete Enanitos” de Disney.

“Ninguna de mis canciones tiene un estribillo elevado al cubo”

Aunque no lo crean, Georgie Dann es un músico de verdad, serio, que se pasó ocho años en el conservatorio de París, para aprender solfeo, armonía y otras cosas que se necesitan para triunfar en Eurovisión y otras galas de buen ver. De ahí quizás que le guste el jazz y que, de vez en cuando, tras una actuación, se vaya al local de turno de la ciudad en la que esté a improvisar un poco con su clarinete.

No obstante, su salto a la fama tuvo lugar cuando le tocó representar a Francia en el Festival del Mediterráneo en Barcelona, a finales de los 60. Un festival de dudoso prestigio, por lo menos ahora, que le sirvió principalmente para enamorarse de España y decidirse a aprender nuestra lengua.

Desde aquellos años 70, está pegando brincos de concierto en concierto, convirtiéndose, casi sin darse cuenta, en el rey de la canción del verano. Es un tópico, o probablemente un slogan comercial, pero al fin y al cabo todo el mundo se sabe los estribillos de “La Barbacoa” o “El Chiringuito”. Mucha gente opina que sólo trabaja en verano, o se pregunta que por qué no hace la canción de invierno. Pero él, humilde, responde con una lógica aplastante. En América del Sur, el verano es nuestro invierno. Es decir, que está todo el año currando, si no es en Benidorm o Marbella, es en Buenos Aires o en Quito.

“Cuando llegas a este nivel de popularidad no puedes cambiar y ponerte hacer una cosa con textos profundos”

Acusado mil veces de hortera, de simple, de repetitivo, Georgie Dann lo tiene claro. Él es un artista que quiere sacar una sonrisa a su público y hacer bailar a la peña, ya sea en la playa, en una feria o en una despedida de soltero. Le da exactamente igual lo que digan de él. En cuanto a las letras de sus canciones, declara que él escribe sobre lo que ningún otro hace. De ahí lo de dedicarle una oda (¿?) al chiringuito. Pero es que aparte, viniendo del país de Georges Brassens y del resto de cantautores del mayo del 68, es normal que sus letras tengan dobles lecturas y estén cargadas de ironía y picardía, aunque, como él dice, no lleguen a ser vulgares.

(Nota: está probado que si se escucha cualquiera de sus canciones al revés, no se oye ningún salmo satánico).

Lo que nadie sabe es que antes de dedicarse a la música, este hombre de edad desconocida (a ver si va ser verdad que es extraterrestre) era un auténtico nadador. Llegó a destacar en algunas competiciones y hoy día asegura que se marca 800 metros de piscina diarios para mantenerse en forma. No, si al final le ha salido bien eso de mezclar la canción con toallas y bañadores.


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Alex Barragan


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