El pedo final

Investigadores americanos han descubierto que la extinción de los dinosaurios pudo deberse a que se pasaban el día entero tirándose pedos. Al parecer estos bicharracos verdes se rajaban a diestro y siniestro: mientras comían, en la ducha o cuando paseaban por el campo cogidos de la pata con su señora dinosauria, que también se peía claro, aunque los científicos están casi seguros de que los de ella nunca olían.

Debido a toda esa nuble de flatulencias que flotaba en el aire (debía ser de lo más agradable salir a da una vuelta en bici en aquellos tiempos) se generó tanto metano que se abrió un boquete en la capa de ozono del tamaño de Brasil y el clima se volvió loco: se desataron tormentas, glaciaciones y se fueron todos al carajo.

Todo por no saber peerse para dentro. La teoría es tan divertida como inverosímil, pero me produce mucha envidia que, en los tiempos que corren, alguien tenga un trabajo que consista en investigar qué cantidad de ventosidades expulsaban unos animales que ya no existen, y que encima te paguen por ello.

El estudio dice que “estos dinosaurios pudieron producir más metano que todas las fuentes de metano actuales juntas, naturales o creadas por el hombre”. Es irónico pensar que fue su propia mierda la que terminó con ellos. Y es todavía más cruel pensar que a día de hoy, la historia se repite. Los humanos somos incapaces de peernos con tanta potencia (aunque conozco alguna excepción), pero hemos inventado fábricas de pedos industriales, como las centrales térmicas o los atascos de Madrid y Barcelona, que producen este pegajoso y permanente cuesco en el que vivimos, y que, si no nos da la risa tonta, nos acabará matando tarde o temprano.

¡Confiesa!

Seguro que como espectadores alguna vez han expirado por el ojete mientras veían una película. Las butacas del cine son especialmente cómodas para peerse pero se arriesga uno a ser insultado o incluso golpeado. Si hay mucha gente en la sala es posible pasar desapercibido, pero si el pedete asoma con mucha fuerza, habrá que levantar un poco la pierna izquierda, y es un poco cantoso. En casa, la cosa cambia. Sobre todo si aparece gente como esa en la TV (al fondo de la imagen), se pee todavía con más gusto.

Rajarse es una cosa que siempre me ha parecido divertida pero sobre lo cual ninguno los grandes maestros de la comedia parece haberse atrevido a experimentar. Ni Groucho Marx, ni Charles Chaplin, ni Woody Allen… las lamentables American Pie y demás truñadas apestan por si mismas y apenas recuerdo algún chistecillo fácil sobre el maravilloso mundo del pedo.

Para mi re-gusto, los únicos e inigualables a la hora de hablar de la caca con gaseosa son Trey Parker y Matt Stone, los padres de South Park. En este capítulo, hacen una increíble disertación en menos de un minuto sobre los tipos de ventosidades. Yo conocía el pedo mochilero, el pedo mascletá, el pedo feliz… pero esto es una tesis Cum laudem sobre la materia.

Tipos de pedos, lugares donde es inapropiado peerse, consecuencias de un buen o mal pedo…. A los escatológicos como yo, nos da mucha pena que pocos cineastas se hayan acercado a este universo de posibilidades. Si alguien conoce alguna secuencia que merezca la pena, por favor que la comparta con nosotros. Mientras tanto, nos queda el consuelo de páginas como frikipedia, donde pueden encontrar un auténtico tratado sobre el pedo. Composición química, acústica, velocidad… todo lo que siempre han querido saber.

Pero si no son ustedes tan leidos, les recomiendo el 10º capítulo de la 5ª temporada de South Park titulado “Como comer por el culo”. En este capítulo, aparecen unos jocoso personajes que en vez de cara tienen culos (ver minuto 7 aprox.) y claro, cuando intentan hablar solo consiguen lo que consiguen.

http://www.southparkstudios.com/full-episodes/s05e10-how-to-eat-with-your-butt

Y como no hay dos sin tres, para los amantes de este arte o para los que simplemente se quieran reír un ratito más, aquí les dejo otro video. ¡No se corten!

PD: EL 12M vamos todos a peernos juntos en los banqueros y políticos porque no nos representan!! DEMOCRACIA REAL YA!

 

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Fernando G. Acuña

Cuando escuché por primera vez el refrán “pongo un circo y me crecen los enanos” pensé en lo afortunado que sería teniendo más enanos para mi circo. Por un momento, imaginé que los enanos crecían como las cebollas o los puerros, en un huerto, con un poco de sol y mierda de vaca. Así es mi vida: irreverente, cómica, absurda, como un circo lleno de enanos que crecen sin parar.


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